Call Me By Your Name
Timothée Chalamet y Armie Hammer protagonizan 'Call Me By Your Name' Sony

Call Me By Your Name se proyectó en diversos festivales especializados y su paso se saldó con la aclamación unánime de la crítica. Es una sensible historia de amor, de un primer amor y de verano, entre dos hombres enmarcada en parajes italianos durante los años 80. La acogida ha culminado con cuatro nominaciones en los Óscar, entre ellos a la mejor película y a uno de sus actores protagonistas, Timothée Chalamet. Incluso su director, el italiano Luca Guadagnino, ya piensa en hacer una pentalogía.

Serían cinco películas en total, y a lo largo del tiempo, siguiendo a su personaje central. Un proyecto que solo cuenta con el antecedente de François Truffaut y el personaje de Antoine Doinel que empezó su trayectoria, cuando era niño, en el clásico Los 400 golpes (1959). Call Me By Your Name llegó a nuestros cines el pasado 26 de enero, y aunque lo tiene difícil para repetir el logro que consiguió Moonlight, alzándose con la estatuilla a mejor película, allí está para ayudar a romper tópicos y prejuicios.

Uno de sus guionistas es el director James Ivory (el guion adaptado, junto con la de mejor canción original son sus otras dos nominaciones). El realizador de Una habitación con vistas (1985) o Regreso a Howards End (1992) también realizó una cuidada historia de amor homosexual en 1987, Maurice. Romances secretos en la Inglaterra de principios del siglo XX.

Call Me By Your Name coincide con otro galardonado largometraje en cartelera, la francesa 120 pulsaciones por minuto, sobre el SIDA y situada a inicios de los 90. Está nominada a 13 premios César, los que otorga el cine francés. Y el pasado noviembre también se estrenó la británica Tierra de Dios situando su argumento en un entorno rural y solitario.

El cine de temática LGTBI deja de limitarse a los circuitos de salas y festivales especializados. Las orientaciones sexuales entre el mismo género eran una asignatura pendiente sobre todo en el cine mainstream. En los años dorados del cine clásico de Hollywood era omitida o, como mucho, sugerida, y lo era también por razones comerciales. No todo es Brokeback Mountain (2005), la película de "vaqueros enamorados" con Jake Gyllenhaal y Heath Ledger, que fue uno de los títulos estrella de la primera década de este siglo.

En los años 40, el director Michael Curtiz dirigió el biopic de uno de los más admirados compositores y letristas de los años veinte, Cole Porter, en Noche y día (1946). En la vida real era Cole Porter era gay, aunque tuvo un matrimonio para guardar las apariencias con Linda Lee Thomas, una acaudalada viuda. En la gran pantalla lo encarnó Gary Grant, pero en el guion había desaparecido cualquier referencia a su homosexualidad.

"Ostras o caracoles"

Célebre es la escena en la superproducción de romanos Espartaco (1960) en la que el noble Craso, interpretado por Laurence Olivier, le pregunta a su joven y bello lacayo Antonino (Tony Curtis) si le gustan más "las ostras o los caracoles". La escena fue eliminada en el montaje de su estreno.

También comentadísima ha sido la atracción, más allá de la amistad, entre Ben-Hur (Charlton Heston) y Messala (Stephen Boyd) en la oscarizada superproducción de 1959. Insinuaciones lésbicas presentaba Rebeca (1940), de Hitchcock, y Óscar también a la mejor película, con la inquietante ama de llaves (Judith Anderson) supuestamente enamorada de la anterior y fallecida Señora de Winter.

En los últimos años, con premios y también éxito en taquilla, han abierto miradas y ocultado inhibiciones, liberándose de la etiqueta de cine marginal, títulos como la surcoreana La doncella (2016), la norteamericana Carol (2015), las francesas La vida de Adèle (2013) y El desconocido del lago (ambas de 2013), la chilena Una mujer fantástica (2017) o San Junípero, uno de los mejores episodios de la televisiva Black Mirror.

Clásicos y maestros

Antes, Tom Hanks se llevó el Óscar por Philadelphia (1993), interpretando a un abogado despedido por su bufete y enfermo de SIDA; al igual que Sean Penn por Mi nombre es Harvey Milk (2008) como el primer político norteamericano que se declaró abiertamente homosexual.

Jared Leto recibió la estatuilla al mejor secundario gracias a su caracterización de transexual en Dallas Buyers Club (2013), y Javier Bardem estuvo nominado como protagonista por Antes que anochezca (2000), en la piel del poeta cubano Reinaldo Arenas. Además, enorme controversia causó en su momento A la caza (1980), con Al Pacino como un detective investigando asesinatos y debiendo infiltrarse en los guetos más sórdidos de Nueva York.

Maestros en el género han sido el alemán Rainer Werner Fassbinder con Las amargas lágrimas de Petra Von Kant (1973), La ley del más fuerte (1975) o Querelle (1982); el británico Stephen Frears en los 80 con Mi hermosa lavandería (1985) y Ábrete de orejas (1987), o el italiano Luchino Visconti con otro clásico, el de Muerte en Venecia (1971).

Entre los cineastas españoles, Pedro Almodóvar y La ley del deseo (1987) como una de sus películas más celebradas, o Eloy de la Iglesia, convulsionando la España de los 70 con El diputado (1978). No fue hasta los años 60 cuando empezaron a incluirse, tímidamente, personajes gays. Una de las primeras fue el drama musical Diferente (1961), dirigida por Luis María Delgado, y protagonizado por un joven procedente de una familia bien y acomodada. Sorprendentemente, incluso pasó el corte de la censura franquista.