Antón Arias, expresidente de la CEG
Antón Arias, expresidente de la CEG EUROPA PRESS

SANTIAGO DE COMPOSTELA, 25 (EUROPA PRESS)

El ya expresidente de la confederación de empresarios de Galicia (CEG), Antón Arias, atribuye el abandono de la patronal sin cumplir uno de sus dos objetivos, el de la reforma estatutaria, a "la constante pelea" en el seno de la institución.

Al mismo tiempo, asegura que pretende que su salida sirva como "catarsis", de modo que los responsables de la organización hagan una "reflexión" y se impongan los intereses del "conjunto" frente a los "personales".

Con estas palabras ha aludido de forma velada -pero evidente- a los presidentes de las confederaciones provinciales de Pontevedra y Ourense, que durante su año al frente de la CEG han mantenido una férrea oposición a su mandato, a juicio de Arias, "incomprensible".

De hecho, el presidente saliente, que ha convocado una rueda de prensa a última hora de este jueves, ha afirmado que su marcha no tiene "nada que ver" con el comité ejecutivo que se celebró horas antes -al que no asistieron ninguna de las dos provincias mencionadas-, sino que se debe a que considera que su proyecto está "agotado" y "no de la forma" que le hubiera "gustado".

"CONFRONTACIÓN PERMANENTE"

Y es que, según ha expuesto en la comparecencia ante los medios de comunicación, se marcó como objetivos lograr la viabilidad económica de la patronal, algo que ha visto conseguido "de una forma fácil", pero también dotar a la institución de otro marco que genere un modelo diferente, en el que uno de los cuatro presidentes provinciales no pueda impedir que la organización llegue a acuerdos.

Antón Arias ha hablado así de unas mayorías "excesivamente" reforzadas en el funcionamiento interno de la CEG (del 75% de los votos), y ha explicado que en su labor para cambiar los estatutos llegó a un punto de "confrontación permanente" que impedía la salida adelante del cambio de estatutos.

Entrando en materia sobre este cambio, ha censurado que "no se quiso entrar a valorar" el documento de trabajo elaborado, que incorporaba una presidencia rotatoria "a petición de una de las provincias".

Todavía sobre Pontevedra y Ourense, ha entendido que tiene "poca naturaleza democrática" que criticasen su mandato por, supuestamente, haber incumplido un pacto para llegar a un candidato de consenso, y ha sentenciado que la asamblea fue la que habló.

También ha considerado que los reproches por algunas de sus declaraciones, como las relativas al referéndum en Cataluña y a una necesaria subida de los salarios, intentaban "debilitarlo" pero desde sectores que ya lo veían "débil".

Eran, en su opinión, "argumentos para justificar determinadas actitudes", y le pareció "un tanto sorprendente" que se vertieran reproches a través de la prensa.

"NO ES UN CHICLE QUE SEGUIR ESTIRANDO"

En este momento, en el que no quiere ser "un obstáculo" y toma esta decisión "personal", ha indicado que se abre un plazo de dos meses para que la junta de vicepresidentes (que se constituirá como gestora) convoque unas nuevas elecciones.

Avanzada la rueda de prensa, ha salido al paso de quien atribuya su dimisión a la pérdida de apoyos, al asegurar que "siguen exactamente igual", y explicitando que son los de A Coruña, Lugo y "sectoriales". "Así me lo manifestaron", ha subrayado.

También ha rechazado que durante su presidencia la CEG haya perdido socios, y, si bien con su antecesor, Antonio Dieter Moure, ha admitido que sí disminuyeron, con él, ha afirmado, incluso hubo "alguna incorporación".

Asimismo, ha agradecido el respaldo de la administración autonómica, de la que recibió "total compresión" y apoyo a una CEG "fuerte".

Así las cosas, en un ambiente de "tensión", ha abogado por abrir "un periodo de reflexión" tras su marcha, para ver si "entre todos" se llega a "un candidato de consenso".

Ese fue el punto en el que estaba la institución justamente antes de su llegada, y, cuestionado por este extremo, ha reiterado la idea de la "catarsis" que aspira a provocar, "después de estar incidiendo varias veces en la misma piedra". "Esto no es un chicle que se pueda seguir estirando permanentemente", ha resuelto.

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