No ha perdido del todo el acento de su Jaén (Torres) natal Baltasar Garzón (1955) ni su vocación aunque lo inhabilitaran. En 2012 el Tribunal Supremo lo condenó a once años sin ejercer su profesión por haber interceptado las comunicaciones de los responsables de la red Gürtel. Ahora, el exjuez acaba de publicar 'La indignación activa' (Planeta). Hablamos con él sobre su mirada transformadora sin obviar su vida y su futuro.

¿Algo que ver su obra con el libro Indignados, de Hessel?
Nada, yo acuñé este término en 2003 y en torno a la guerra de Irak. Es mucho anterior a ese libro. Y es un término, el principio de indignación activa, que acuñé contra la indiferencia, es una llamada a hacer algo más que decir: "esto está jodido".

¿Cuáles fueron mis implicaciones?
Ya las conocen.

Y las consecuencias...
Sí, también. En la guerra de Irak tuve dos exposiciones: un artículo que escribí contra Aznar y una actuación en la Puerta de Alcalá también contra la guerra de Irak. Y me valieron dos diligencias informativas del Consejo y me pidieron falta grave, y no me abrieron expediente porque dijeron que era libertad de expresión. Y me costó de nuevo la presidencia de la Sala de lo Penal. Pero para hacer hay que arriesgar.

Y desgraciadamente un precio que pagar.
Sí, bueno: perdí la posición de juez. Pero igual de malo habría sido perderla por no hacer nada. Hay que asumir riesgos para que cambien las cosas. No puedes vivir, comer y morir.

Se me hizo una persecución para buscarme todas las revueltas posiblesY encima quejarte...
Sí, como si vieran una película y dijeran: "qué gran problema tenemos". Pues haz algo.

Y si le pusiera lo que le pasó como si fuera una película, ¿se indignaría?
No me indigno por lo que me ha pasado. Mis decisiones las tomé y tomo conscientemente. Puedes decir: ¿te equivocaste?, y puede ser que en alguna lo hiciera, pero nunca conscientemente.

Y puede ser que no se equivocara.
Con Gürtel no erraba el tiro... No pierdo tiempo en algo que ya no tiene solución.

¿No la tiene?
Digo en lo perdido. Lo perdido, perdido está. Lo importante es si te consideras afectado o no. Muchas veces lo que sufres no es lo que ocurre en el momento, sino lo que quieren que sufras después con la anulación que te hacen. A muchos les encantaría que estuviera liquidado.

¿Les ha ido mal a quienes lo han querido?
Bueno, en mi caso es que reacciono y sigo adelante. Nada es insustituible ni nadie. Pero en ese nada insustituible haría alguna excepción, como la coherencia, la conciencia de que haces y el apoyo a los más vulnerables. Las víctimas son muy importantes en mi vida, lo que no quiere decir que yo me sienta tal. Creo que la sociedad tiene la obligación de apoyar a los más vulnerables.

¿Le sorprendió la poca reacción de los jueces cuando se 'eliminó' la jurisdicción universal?
Una de las grandes conquistas del siglo xx fue la jurisdicción universal y hubo una reacción muy débil o casi ninguna. Es un compromiso de vida. Frente a las dificultades, los jueces, que es lo que he sido, y los servidores públicos tienen que hacer algo más que ganarse el sueldo. Y hay que buscar fórmulas: somos el segundo país en desaparecidos. Y no ha habido petición de perdón. La memoria no prescribe nunca. Los olvidos impuestos no funcionan.

A usted le han hecho escarches, pero los defiende.
Me han hecho 60 escraches y está bien, es libertad de expresión. Yo pedí debatir, que me escucharan, pero chillarme solo no. No voy a chillar. No se trata de que todos seamos presidentes o líderes, cada uno tenemos un rol y podemos hacer algo. Lo que no es admisible es la parálisis. Con Pinochet, por ejemplo, la importancia fue que la sociedad chilena dijo 'hay que hacer algo', y lo hizo.

¿Nosotros estamos dormidos?
Ha habido dinamización, pero hace falta una indignación continua para que cambien la inercia. Falta movilización contra la corrupción.

¿Nos hemos acostumbrado?
No da miedo ser corrupto, la banalización de la corrupción se ha generalizado y no da miedo ser corrupto. Es como la banalización del mal. Y la rapidez impide un análisis, pero hay que hacerlo.

¿Ha habido sedición y rebelión en Cataluña?
Ni hay rebelión ni sedición. Violencia es violencia. No sabemos cómo va a acabar esto. No sé por dónde saldrá. Y la previsibilidad es fundamental en un estado de derecho. Un juicio de intenciones no puede justificar una prisión, le guste o no a la ciudadanía.

¿Independencia judicial?
El que no es independiente es porque no quiere serlo.

Si fuera presidente del Gobierno...
No, eso no me corresponde a mí ni en los malos sueños.

No ha habido ni sedición ni rebelión en Cataluña, le guste o no a la ciudadanía española¿Cuál debería ser el asunto central de la agenda política?
El asunto central es generar ciudadanía y diálogo. Porque España está compuesto por un crisol de diferencias muy grande y lograr armonía es el desafío. Esto sería la jungla y a veces está mucho mejor organizada la jungla que este país. Apelo a la responsabilidad de políticos y ciudadanos. No me vale la indiferencia, puedes hacer y mucho, si no lo haces es que no quieres.

¿Algún paralelismo con Lula da Silva?
Tengo buena relación con él y es un gran líder. Ha dado su vida política por su país, les ha sacado de la pobreza enfrentándose contra todas las jerarquías y eso es tener una fortaleza muy grande. No excuso lo que se hace mal, pero no ha habido la certeza de que se haya hecho mal, ha habido una persecución contra Lula teñida de demasiadas dudas. Se quiere que no vuelva a ser candidato. Porque está a la cabeza en las encuestas de las elecciones de 2018. El objetivo es inhabilitarlo. Pero seguirá, porque no sabe hacer otra cosa que luchar y no le tratan justamente.

¿Ahí el paralelismo con usted?, ¿que sintió cuando lo inhabilitaron?
A partir de un momento era evidente que iba a ser como fue. Yo me preparé psicológicamente y lo sabía. Era evidente. Soy juez y no tomo decisiones si no tengo una línea de actuación posterior. Fue injusto, pero la interpretación del derecho no tiene límite y en mi sentencia no lo tiene porque quien la dictó no tiene quien lo controle por encima. Sigo batallando y si gano será una reparación moral.

Ya no puede volver a la Audiencia, ¿volvería a la carrera a pesar de ello?
Mi puesto se perdió, pero sí puedo volver a la carrera judicial. Cuando llegue el momento tomaré la decisión, pero en principio sí. Quien me odia me sigue odiando, pero hay un apoyo social enorme. Y pueden chillarme mucho pero yo tengo oídos sordos para ellos.

¿Cómo se hace para caer derrumbado?
Hay dos opciones: caes derrumbado y te quedas y te lames las heridas o tomas impulso y sigues.

¿Siempre fue así?, ¿de niño ya lo era?
Desde niño he tenido esa actitud, y se lo agradezco a mis padres. Ellos me enseñaron que no puedes estar quejándote. Que te puedes indignar pero tienes que hacer algo, porque no van a venir a hacerlo por ti. Y he tenido grandes amigos que me acompañaron al Tribunal Supremo. Se me hizo una persecución para buscarme todas las revueltas posibles. Historias que a lo mejor, solo a lo mejor, podré contarles a mis nietos.