El Ministerio Fiscal sostiene que la acusada, en diversas ocasiones desde al menos las Navidades de 2015, reaccionó de forma violenta cuando consideraba que su hijo, de 10 años, no hacía lo que ella quería o no se comportaba en la forma en la que a ella le parecía correcta.

Así, en las Navidades de 2015, cuando el menor se encontraba en casa de su abuela, la acusada comenzó a propinarle patadas cuando se cayó al suelo en la cocina. En otra ocasión, en el verano de 2016, como el menor no se quería poner el pijama para ir a la cama, la acusada reaccionó de forma violenta, corriendo el niño hacia su habitación. La madre lo siguió y, al alcanzarlo, lo cogió fuertemente por el cuello. Tuvo que intervenir el marido de la acusada y padre del menor, alertado por los gritos del niño.

Asimismo, siempre según el relato del fiscal, en fecha no determinada pero comprendida en el curso escolar 2016-2017, cuando la acusada volvía al domicilio familiar con el niño de la casa de un amigo, le propinó en el ascensor un golpe en la cara que provocó que sangrara por la nariz y la boca.

La Fiscalía considera que los hechos son constitutivos de un delito de maltrato físico y solicita que se condene a la acusada a un total de dos años de prisión y prohibición de aproximarse al niño, a su domicilio, centro de estudios o cualquier otro frecuentado por el mismo, a menos de 300 metros y de comunicarse con él por cualquier medio, durante seis años.

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