Según un comunicado, unos testigos alertaron al agente a las 07.45 horas explicando que el animal estaba atascado y se movía con dificultad.

Con un equipo de neopreno propio, el agente comprobó que el delfín, de unos 2,5 metros y 200 kilos, estaba vivo y en buenas condiciones, pero que no podía volver al agua por sus propios medios ya se encontraba boca arriba -decúbito supino- y con la aleta dorsal pegada a la arena.

La posición del cetáceo le dificultaba la respiración y podía provocarle la muerte por asfixia, por lo que, tras avisar al teléfono de emergencias 112, a los Mossos, a los Agentes Rurales y al Centro de Recuperación de Animales Marinos (Cram), inició en solitario las maniobras para devolverlo al mar.

Tras dos horas intentando calmar al animal en una zona de aguas poco profundas, logró desviarlo hacia una zona con mayor profundidad y guiarlo hasta la zona exterior libre de bancos de arena.

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