Las obras del Mercado de Sant Antoni están finalizando.
Las obras del Mercado de Sant Antoni están finalizando.  MARINA LOPERENA

El barrio de moda de la capital catalana vive un momento crítico. Sant Antoni reabrirá en tres meses las puertas de su histórico mercado rehabilitado y paralelamente iniciará el proyecto de la supermanzana del Eixample, que rodeará la zona.  Ante esta situación, los vecinos del barrio ya notan las consecuencias.

La presión inmobiliaria y turística y la burbuja de alquileres no permiten renovar los contratos a los inquilinos del barrio que llevan ya tiempo alquilando un piso. En el caso de que lo permitan, la condición es una subida del precio del alquiler de 200 a 300 euros mensuales. La Plataforma Fem Sant Antoni da apoyo y información a los vecinos que se encuentran en situaciones como estas. "La entidad hace de eje fundamental informando a los vecinos de que deben dirigirse al Ayuntamiento de Barcelona para abrir un expediente sobre su situación. La institución, después, es la que  puede gestionar con mas facilidad una mediación entre propietario e inquilino" comenta Vladi Olivella, miembro de la entidad.

Olivella, ha expresado a 20 Minutos su indignación, relatando que "están expulsando a vecinos debido a que los turistas que alquilen el piso pagarán mucho más o las inmobiliarias internacionales podrán hacer bloques de lujo". Ha lamentado también que "en los próximos tres años tendrán que renovar a 3.500 personas del barrio ya que ahora los contratos son de 3 años. La consecuencia es que la gente se va o se empobrece. Hasta ahora, o subían mucho el alquiler o se iban, pero hoy día no se puede encontrar otro lugar a donde ir porque los alquileres están muy caros. No hay nada razonable en la ciudad ni en sus alrededores. Nos están echando."

 

"Es una pena. Mis vecinos, un matrimonio con dos criaturas, han tenido que dejar el piso porque el propietario no ha querido renovar el contrato al precio que habían pagado hasta ahora. Ahora viven un grupo de chicos jovenes que comparten piso" comenta Helena Berta, jubilada y vecina del barrio. "Vivo justo delante del mercado provisional, en Ronda Sant Antoni, y he podido vivir en primera persona las modificaciones que ha sufrido la zona. Evidentenmente subirán los alquileres, aquí son todo intereses" añade la mujer.  

Jesús Céspedes es propietario de la frutería Casa Céspedes, ubicada en la esquina de la Calle Borrell y la Calle Tamarit. Céspedes lamenta que "se pierda el espíritu del barrio con toda la gente que echan. Además, todo va a ser muy moderno". Sin embargo, confia en que sus clientes sigan comprando en su tienda, abierta desde el año 59, al tener la suerte "de estar ubicados en un sitio que es muy de paso”.

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