Albert Rivera, presidente de Cs, en la sede de su partido.
Albert Rivera, presidente de Cs, en la sede de su partido. Cs

En la campaña de las elecciones generales de 2016, Mariano Rajoy empleó un poderoso argumento para convencer a su electorado de que debía darle una segunda oportunidad: votarle era la única forma de frenar a Podemos. Solo el PP podía salvar a España del "radicalismo" y el "extremismo", en palabras del presidente: "La clave para ganar a Podemos es que todo el voto moderado, sensato y equilibrado se una", advirtió a días de las elecciones.

La estrategia dio resultado: el PP pasó del 28,7% al 33% de los votos y ganó 14 escaños con respecto a diciembre de 2015. Cs, por su parte, se dejó ocho diputados y unas nueve décimas en porcentaje de voto. Desde entonces, los conservadores se habían mantenido como primera fuerza en los sondeos, pero, tras la victoria de Inés Arrimadas el 21-D, algunas encuestas sitúan a Rivera en disposición de ganar hoy unas generales, lo que dificulta la estrategia del PP.

Los politólogos consultados por 20minutos explican que las buenas perspectivas del partido naranja en los sondeos le permiten presentarse como un partido con opciones de gobierno y como un competidor viable en el espacio de centro-derecha, lo que complica al partido de Rajoy mantener el discurso de que votar a Cs es "tirar el voto" y de que el PP es la única opción para impedir una victoria de las fuerzas de izquierda y centro-izquierda.

Porque, a falta de una, son tres las encuestas que sitúan a Cs en condición de disputar el centro-derecha a los conservadores. De acuerdo con los datos de Sociométrica para El Español, Rajoy tendría el 24,1% y 97 escaños, frente al 23,9% y las 86 actas de Rivera; según el sondeo de Metroscopia para El País, Cs (27,1%) daría el sorpasso al PP (23,2%); y el estudio de GAD3 para ABC le da un 26,2% (86-90 escaños) frente al 24,7 (97-101 escaños) del PP.

Rajoy no da síntomas de preocupación

Por ahora, el presidente del Gobierno opta por no conceder credibilidad a los sondeos. Este lunes, recordó ante la Junta Directiva de su partido que tras las catalanas de 2015 Cs también subió con fuerza en las encuestas y que llegó a aparecer en situación de empate con el PP, algo que después no se materializó, por lo que llamó a "tener cuidado con las extrapolaciones" y dijo que las predicciones demoscópicas son una simple "fotografía" de un "momento concreto".

Tampoco se fía mucho de los pronósticos demoscópicos el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que este lunes afirmó no sentirse "concernido" por la "evidente guerra fría" de las "formaciones conservadoras" que pugnan por la "hegemonía de la derecha". El socialista agregó que "España, sociológicamente, no es de derechas", y preguntado en Ferraz por los sondeos, pronosticó que en las próximas generales la ciudadanía apostará por un cambio de "izquierdas".

La visión de Cs es bien distinta, claro. "Cs se consolida como un proyecto ilusionante y reformista para Cataluña y para toda España", dijo también este lunes Inés Arrimadas, flamante ganadora de las autonómicas catalanas del 21-D. "Son solo encuestas y hay que ver cómo evoluciona, pero yo vaticino que es más estructural que coyuntural", apuntó un día después Albert Rivera, presidente del partido naranja, que en todo caso apeló a la "prudencia".

¿Pero, cuánto tienen de coyuntural y cuánto de tendencia de fondo los actuales sondeos? ¿Puede Cs consolidarse como una opción de Gobierno? Los politólogos Lluis Orriols, Pablo Simón y Berta Barbet explican cómo interpretar estas encuestas y aportan claves sobre el futuro del partido naranja.

Una amenaza múltiple para el PP...

Simón explica que hay al menos tres motivos por los que en Génova deberían preocuparse. Primero: no podrán emplear el discurso de que "votar a Cs es votar a Sánchez", del que se valieron en la campaña del 26J, con el argumento de que Rivera había pactado la investidura con Sánchez. Segundo: predice que tampoco funcionará el discurso de que Cs es un partido "poco experimentado". Y tercero: caerán en saco roto las apelaciones al voto útil.

El segundo y el tercer argumento, prosigue, están conectados. Si Cs consigue mantenerse cerca del PP en los sondeos, explica, los votantes de centro-derecha no sentirán temor a que su papeleta no se traduzca en representación parlamentaria, y eso podría traducirse en que el partido naranja logre representación "en provincias pequeñas y medianas", donde era más "vulnerable", y en que se convierta "en una amenaza clara para el PP", explica Simón.

Para Barbet, hay otros dos elementos importantes. En primer lugar, incide, Cs ha rebasado al PP por primera vez. Y aunque en 2016 rebasó al PSOE en algunas encuestas, explica, "Cs y PSOE no compiten por el mismo electorado". Pero, sobre todo, la politóloga destaca que Rivera "le ha robado al PP uno de sus temas estrella", el discurso de "la unidad de España", terreno en el que el partido naranja, tras el 21-D, parece ahora "más capaz" que el PP.

Orriols coincide con esta tesis: "En un escenario bipartidista, la confrontación entre Cataluña y España daba votos al PP frente al PSOE, porque un tema en el que la izquierda se mueve incómoda. La novedad es la competición PP-Cs en este terreno. Hasta ahora Cs jugaba básicamente la carta de la regeneración, pero ahora también es competitivo en la cuestión territorial, ya que tiene una hoja de servicios en Cataluña que lo dota de un claro pedigrí antinacionalista", expone.

...que aún tiene que cristalizar

Claro que no todo son buenas noticias para Cs: unas elecciones no se ganan solo por aparecer primero en una serie de sondeos. Que se lo recuerden si no a Podemos, que, como comentan algunos de los expertos consultados, logró a mediados de 2015 encabezar algunas encuestas. Tras aquello, el sorpasso al PSOE no se materializó ni en 2015 ni en 2016, y poco más de dos años después el partido morado no aparece en las quinielas de ganadores de unas generales.

Barber considera que las cifras actuales del partido naranja son "claramente coyunturales" y que responden al estado de ánimo generado por el 21-D. Está por ver, prosigue, si Cs logra que esos datos "cristalicen". Orriols también ve que existe un "efecto luna de miel" con los de Rivera, y opina que los estudios demoscópicos reflejan más un "voto expresivo" que un "cambio estructural". Tanto ellos como Simón apuntan, además, que falta mucho para las generales.

Entre las claves que determinarán si Cs consolida sus buenas expectativas, Simón explica que a Cs le beneficia que prosiga el debate catalán, y ve claves las autonómicas y locales de 2019, que marcaran la precampaña de las generales de 2020. Sobre los comicios a gobiernos autonómicos y locales, Orriols añade de que los de Rivera podrían sufrir frente al PP por su "menor implantación local", lo que podría rebajar sus expectativas de cara a las generales.

Barbet, por su parte, cree que el partido naranja podría desgastarse en la negociación de los presupuestos, donde necesitará justificar y rentabilizar su apoyo a un Ejecutivo en horas bajas. Además, la experta plantea que el PP podría buscar "situarse como un partido más competente para gestionar la economía". De hecho, el presidente Rajoy ya dijo el lunes en su intervención ante la plana mayor del partido que el PP es sinónimo de "buen gobierno".

¿Ignorar o atacar a Cs?

Queda, por último, la pregunta del millón: ¿Qué deben hacer el resto de partidos para preservar sus opciones frente a un competidor al alza? Berta Barbet aporta un regla general: "Si eres capaz de robarle a tu competidor el tema en el que se muestra muy fuerte, debes atacarle y hablar mucho de ello. En este caso, de Cataluña. Si no, es mejor hablar de otras cuestiones, siempre y cuando los medios te sigan. De lo contrario, te quedas hablando solo. Es complicado", expone.

Así, considera que el PP "no puede robarle el tema" territorial a Cs ahora mismo, ya que el partido naranja se muestra muy competitivo en ese terreno, por lo que los conservadores deben "buscar otro enfoque" sobre la misma cuestión territorial con el objetivo de "diferenciarse". "Lo que no tiene que hacer en ningún caso el PP es copiar el discurso de Cs, porque eso facilita que los votantes vean parecidos a ambos partidos y sigan saliendo de sus filas", recomienda.

En cuanto al PSOE, Simón cree que las encuestas "acreditan" que la estrategia de los socialistas de "empujar a Cs a la derecha" ha "funcionado", por lo que se ha reducido la fuga de socialista al partido naranja. Barbet cree que el PSOE debe buscar debatir con Cs sobre economía, donde tiene más que ganar que en el tema territorial, y Orriols coincide en que entrar de lleno en la cuestión catalana perjudicaría a Sánchez, por lo que tiene lógica el "perfil bajo" que ha mantenido.

Finalmente, sobre Podemos, los expertos coinciden en señalar el gran desgaste que acusa el partido. Para Orriols, la estrategia del partido morado de tener un "perfil alto" en la crisis catalana –Iglesias fue muy crítico, por ejemplo, con el 155– ha sido arriesgada. Simón, por su parte, advierte de que votantes de Podemos se están yendo al PSOE e incluso a Cs, en el caso de los que tienen claro, ante todo, que no votarían ni a PP ni a PSOE, y buscan votar en clave de regeneración más que en el eje izquierda-derecha.