El cardenal Cañizares, de pie
El cardenal Cañizares, de pie ARZOBISPADO

Durante la eucaristía de mediodía en la Catedral de València, Cañizares ha apremiado a que "las palabras de Jesús, 'fui forastero y me acogiste, tuve hambre y me diste de comer, estaba sin techo y me acogiste', las hagamos realidad viva entre nosotros", informa el Arzobispado en un comunicado.

Palabras que "siempre nos interpelan con una fuerza provocadora que nos llama a la conversión", pero que "hoy nos interpelan todavía más aún ante la emergencia que plantean en los últimos tiempos la cantidad grande de hermanos que llegan a nosotros de fuera: refugiados, perseguidos e inmigrantes".

En definitiva, "hermanos nuestros que miran a nuestros países de Europa como la solución a sus inmensos problemas de hambre, de carencia de lo mínimo necesario para vivir con sus familias con cierta decencia en los países de origen, de falta de libertad a la que se ven sometidos en sus tierras que tienen que abandonar e incluso de terribles persecuciones a causa de su fe", ha lamentado el purpurado.

También se ha referido a cómo "las escenas que nos llegan, las situaciones que vemos o que adivinamos son tremendas, terribles y golpean nuestras conciencias". Por ello, "se ha convertido en nuestros días en preocupación preponderante de los países, que se ven interpelados y urgidos a buscar soluciones y a proceder adecuadamente, con justicia, sin que traiga consecuencias imprevisibles".

Bajo este prisma, el cardenal ha defendido que, ante "el fenómeno tan generalizado y masivo de la inmigración, con motivaciones tan diversas y complejas, de proporciones tan gigantescas, las palabras del señor cobran una fuerza todavía mayor y llaman a la conciencia de la Iglesia, a la conciencia de cada uno y a la de la sociedad en su conjunto".

"HOSPITALARIOS DE VERDAD, SIN EXCLUSIONES"

Para Cañizares, "lo primero que esta realidad reclama de nosotros y reclama particularmente de la Iglesia es el sentirnos al lado de los inmigrantes, como si del señor se tratara, ya que con ellos se identifica y cuya amargura él también tuvo que soportar en los primeros años de su vida terrena, y que ahora soporta en ellos mismos" "Algo, y mucho, todo hay que hacer por ellos", ha enfatizado.

El purpurado ha insistido así en que "la sociedad y la Iglesia deben aceptarlos y acogerlos, integrarlos, protegerlos y promoverlos cordial y eficazmente para que se sientan reconocidos en toda su dignidad de hermanos".

El objetivo, "sentirnos solidarios de veras con los que sufren en su carne los efectos de la marginación y de la pobreza a la que, con frecuencia y por desgracia, se ven impelidos tantos y tantos emigrantes que vienen de otros países, buscando otras condiciones de vida, simplemente vivir". Ante esta situación, ha animado a los fieles a ofrecerles hospitalidad y " ser hospitalarios de verdad, sin exclusiones o posturas discriminatorias"

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