El nombre de Santiago Cobos Fernández, 39 años, está incluido en el catálogo FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento), la lista negra de los presos más peligrosos. Santiago está entre los diez primeros puestos de ese especial fichero.

Su historial delictivo no es para menos: robos, incendios provocados, intento de secuestro, el asesinato de un policía y el intento de otros dos. Pisó por primera vez una prisión en 1985 y desde 1990  está entre rejas cumpliendo varias condenas que suman  36 años, dos meses y un día.

Hasta el pasado 17 de noviembre, día en el que Santiago empezó a vislumbrar un poco de luz al final del túnel. Y es que uno de los diez presos más peligrosos de España ha decidido cambiar las pistolas por los libros.

Ese día, Santiago, encarcelado en la prisión salmantina de Topas, en régimen de aislamiento, disfrutó de su primer permiso en los últimos 17 años. Durante doce horas, pudo visitar La Alberca (Salamanca) acompañado de una monja voluntaria de Cáritas y un trabajador social.

El de Santiago es un claro ejemplo de que el Código Penal y el sistema penitenciario están diseñados para la reinserción. «Él ha cambiado, su actitud es positiva. Y cuando un preso da este paso, la cárcel ya no cumple una función sólo de custodia, sino también de rehabilitación», explica a 20 minutos Ana Acosta, directora de la  prisión de Topas.

Estudios y talleres

Santiago ha empezado a estudiar y participa mucho en los talleres ocupacionales de la cárcel. «Disfrutó de un permiso programado avalado por su psicólogo y la junta de tratamiento de la prisión. Es un primer paso. Ya se estudiará si hay más», señala Acosta, que recuerda que en España no existe la cadena perpetua. «No hay motivo para la alarma. Asumimos el riesgo, ya que este preso saldrá algún día y hay que prepararlo para su reinserción».

Cinco categorías dentro del FIES

El fichero FIES nació en 1996 y fue modificado el año pasado para eliminar algunas categorías desfasadas, como la de los insumisos. Actualmente, tras los cambios, esta lista está dividida en cinco categorías: la uno, en las que están los presos sometidos a un control directo por su peligrosidad; la dos, destinada a delincuencia organizada; la tres, para miembros de bandas armadas o terroristas; la cuarta está para proteger de los presos a los policías condenados, y la quinta, algo más heterogénea, para «reclusos especiales».