Tuvo un «subidón de ira», pero no recuerda disparar y matar al novio de su hija en 2005.

Un capitán de la Guardia Civil en la reserva de Rincón de la Victoria declaró ayer en su juicio –el fiscal pide para él 22 años de prisión– que se bebió media botella de whisky antes de encontrarse con la víctima y que ésta le dijo que había perdido a su hija y que era un «hijo de puta». Sin embargo, el fiscal estima que le golpeó con sus puños, luego le disparó tres veces y, por último, se acercó y le alcanzó a «escasos centímetros» de la cabeza. Además, intentó asesinar al hermano de la víctima.