Atracciones, chucherías, diversión... y ruido, mucho ruido. El Parque Infantil de Navidad es una bomba de relojería para los niños, ya que el ruido que allí se produce equivale a la contaminación acústica que genera un martillo neumático o el rumor de las cataratas del Niágara. Según un estudio realizado por la Universidad del País Vasco (UPV), los parques infantiles, como el PIN que se celebra anualmente en el BEC, alcanzan picos que incluso superan los 90 decibelios.

Para hacernos una idea, la calle más ruidosa de Bilbao es la calle Autonomía y en hora punta registra unos 70 decibelios. «Por encima de los 60 es cuando se pueden producir problemas, sobre todo en los niños», explica Agustín Martínez, coordinador del estudio y decano de la Facultad de Medicina y Odontología de la UPV. «Los adultos estamos acostumbrados a sufrir ruidos altos, pero ellos son más vulnerables y pueden dejarles secuelas a largo plazo», añade.

Las bocinas que utilizan los feriantes para atraer a los pequeños son las que más peligro tienen para sus oídos. Para los expertos, no obstante, la solución es sencilla. «No es como el ruido de las obra, que a veces es inevitable; en el PIN basta con bajar el volumen de las atracciones y la música», señala Martínez.

Esta exposición prolongada a un sonido desmesurado puede acarrear a los menores una hipoacusia (perdida de audición) en el futuro, pero también puede provocarles en el momento problemas de agresividad, irritabilidad, dolores de cabeza, excitación o estrés. Incluso, en algunos casos, puede aumentar la tensión arterial y producir problemas cardiovasculares.

Ojo también a los petardos

Además del PIN, durante estas fechas existe otro grave peligro para el oído de los niños: los petardos. En Navidad, son muchos los hogares que celebran sus reencuentros y felicidad con una salva de cohetes. Sin embargo, «el estallido de un petardo puede ocasionar un trauma acústico agudo y, muchas veces, deja secuelas irreversibles», indica Agustín Martínez. Un «golpe acústico» de las características de un petardo puede provocar perforaciones de tímpano, una luxación de la cadena de huesos, hemorragias internas o vértigo.