En declaraciones a Europa Press con motivo de la celebración, el próximo domingo, de la Jornada Mundial del Inmigrante y del Refugiado, el también responsable de ACCEM en la región ha admitido que muchos de los inmigrantes que hay en España y en esta región, cuando se jubilen no tendrán los recursos suficientes por no haber cotizado para ello, como ocurre también con los españoles.

"Es un problema más que va a surgir" ha señalado, tras aludir a que en la actualidad la cifra de población inmigrante en la región es de algo más de 160.800 (8,2%) frente al 10% de la media en España y el 12% que hay en Guadalajara, donde se encuentra un Centro de Refugiados de referencia nacional.

Carlés cree que, en términos generales, la integración es más fácil en los pueblos que en las ciudades pero, en general, considera que Castilla-La Mancha es una región "acogedora" en la que "no hay problemas de xenofobia".

Asimismo, ha defendido la "importancia" de que el inmigrante tenga sus derechos y obligaciones tales como el poder abrir una cuenta personal bancaria, tener libertad de movimiento y posibilidad al trabajo digno y de la integración.

Aunque ha reconocido que todavía existe "cierta desconfianza" por parte de la sociedad sobre todo por los atentados terroristas de los últimos tiempos, ha incidido la "importancia de no vincular inmigrante con terrorismo".

Tiene claro Carlés, también como vicario de Pastoral que es, que el terrorismo hay que condenarlo "venga de donde venga", pero ha señalado que en lo referente al terrorismo yihadista, "aprovecha" también la inmigración para "intentar colarse".

Sin embargo, cree que por el hecho de cerrar fronteras no se va a acabar con este problema "porque no va a ser así, sino que en un marco de ilegalidad y de mafia tendrán más posibilidades de entrar", ha añadido.

PERFIL DEL INMIGRANTE

En cuanto al perfil del inmigrante que llega a la región, lo sitúa primordialmente en hombre de entre 20 y 41 años, proveniente de Venezuela, Camerún, Guinea o Argelia, fundamentalmente.

Preguntado sobre la nueva palabra que hoy se conoce como odio a los pobres o la pobreza -'aporofobia'-, Carlés ha manifestado a Europa Press que vocablos como éste "llenan un poquito de mezquindad a la persona y a la sociedad".

"Habría que generar palabras que ayuden al pobre y no que encima le generen más rechazo, porque el lenguaje es muy importante, y cuando bautizo con un término algo, a partir de ese momento estoy haciendo pedagogía y estos términos son antipedagogía", ha lamentado. En todo caso, considera que el que deje de existir dependerá de la sociedad.

"Me cuesta trabajo que sea así, y aunque es una palabra que ha salido ahora como nueva, ya la puso sobre la mesa una profesora de ética, hoy sólo la hemos convertido en una palabra bien pronunciada", ha dicho.

Para este responsable es una "pena" que sea esta la palabra que ha cogido ahora "más fuerza" y "ojalá sean otras como solidaridad, generosidad y altruismo las que se oigan más en años sucesivos", ya que estas pueden ayudar a ser "más personas", ha concluido.