Atrapados en la A6
Zaira, Óscar y sus hijos en la estación de Chamartin (Madrid). JORGE PARIS

Zaira Fernández y su familia salieron el sábado al mediodía de casa, en el municipio pontevedrés de Baiona, sin imaginar que tardarían 24 horas en llegar a Madrid en coche. El viaje, programado para asistir a un concierto el domingo, se convirtió en una "aterradora" experiencia cuando a unos 70 kilómetros de la capital quedaron atrapados por la nieve. El matrimonio y sus niños, uno de dos años y otra de nueve, pasaron horas "horribles", en una zona inhóspita, sin que los Servicios de Emergencias ni los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado acudieran a socorrerles. "La angustia se agravó cuando nuestro bebé empezó a tener 38 de fiebre y no remitía", cuenta ella este lunes desde un hotel madrileño, ahora ya más tranquila.

El calvario para ellos, que se encuentran entre los miles de usuarios que se vieron bloqueados este fin de semana, comenzó cerca de las nueve de la noche, cuando a la altura de la salida 81 de la AP6 una máquina quitanieves les impidió el paso y les obligó a desviarse. Hasta ese momento, Zaira asegura que solo habían visto dos paneles informativos: uno en el que se requerían neumáticos de invierno y otro posterior en el que se añadía el uso de cadenas. "Nosotros llevábamos las dos cosas así que continuamos", relata. El ir equipados les permitió recorrer varios kilómetros por vías secundarias y de montaña, pero sin saber hacia dónde iban.

"Pensábamos que si nos habían desviado por allí sería porque las carreteras comarcales no estarían colapsadas y que nos llevarían a otra autovía, pero nos lo encontramos todo nevado. Había zonas cortadas, otras bloqueadas por coches que se habían quedado parados, las señales cubiertas...", afirma esta abogada gallega, quien denuncia que desde que salieron de la autopista no vieron presencia policial ni asistencia alguna. "En un primer momento seguimos a otros vehículos pero íbamos muy despacio y los perdimos. No estamos acostumbrados a conducir en esas condiciones", apunta. 

Completamente solos, llegaron a las inmediaciones del pantano de la localidad segoviana de Los Ángeles de San Rafael y ya no pudieron seguir. "Llamé muchas veces al 112, a la Guardia Civil, a la Policía Local y hasta a la Asistencia en Carretera del seguro pero, o no cogían el teléfono, o nos respondían que ahorrásemos gasolina y nos preparásemos para pasar la noche allí porque no podían venir a buscarnos. ¿Ni siquiera por los niños, uno de ellos con fiebre? ¿Dónde estamos? ¿En un país tercermundista?", clama indignada. Los intentos de buscar ayuda en las viviendas y en un hotel cercano también fueron infructuosos: "No salía nadie. Luego nos dijeron que es una zona de veraneo".

Sin más provisiones que una pequeña botella de agua, sin ropa para un frío tan extremo y sin parar de nevar, la desesperación y el miedo iban en aumento. "Se te pasan mil cosas por la cabeza, desde que alguien puede hacerte algo a que se te caiga un árbol encima, como habíamos visto por el camino".

Su salvación vino de la mano de un agente municipal de la vecina localidad de San Rafael, a donde llamaron como último recurso. "Nos tranquilizó diciendo que él mismo vendría a recogernos como fuese, que iba a buscar todos los medios necesarios para sacarnos de allí". Tardó, pero cumplió su promesa, y cerca de las tres de la madrugada apareció junto a un compañero de Protección Civil. "Siempre estaré en deuda con ellos. Les debemos la vida", manifiesta esta mujer.

A salvo en un pabellón municipal

Tras recorrer un tramo andando, con lugares en los que la capa de nieve les llegaba a la cintura, y otro en un 4x4 con un pequeño quitanieves anclado, casi dos horas después esta familia entraba con lo imprescindible en un pabellón de San Rafael que el Ayuntamiento equipó para atender a los afectados. Allí, donde Zaira calcula que podría haber unas 900 personas, les ofrecieron camas, mantas y un caldo, y el pequeño fue inmediatamente examinado por un médico. "Nos dijo que era un virus de la gripe, que no nos preocupáramos porque no era grave, y nos dio la medicación necesaria".

Regresa a casa con sensaciones contradictorias: agradecida a la buena gente que les ayudó "pero muy defraudada con España y sus bajos medios"Pasaron el resto de la noche en vela, pero resguardados, y el domingo por la mañana, después de intentar sin éxito hacerlo en tren, pusieron rumbo a Madrid en el coche de un matrimonio que se ofreció a llevarlos. Llegaron justo a tiempo de asistir al concierto que motivó el viaje: la actuación de la estrella de Disney Channel Soy Luna. "Yo me habría vuelto a casa pero a mi hija le hacía tanta ilusión... Tenía las entradas desde hacía un año", reconoce esta madre, pocas horas antes de coger el ferrocarril que, ahora sí, les llevará a Galicia.

El coche, que estrenaron hace dos meses, permanece sepultado en el punto que lo dejaron, con las maletas dentro, y les han advertido que no podrán recuperarlo hasta dentro de días, o incluso semanas. Reclamarán al seguro, por la falta de asistencia en carretera, al Consorcio de Compensación, a la empresa que gestiona la AP6 y a la Administración, por "falta de información desde el primer momento y por una mala ejecución". "No llevábamos previsión de que fuese a pasar lo que pasó. Si hubiese sido así habríamos viajado de otra manera y más yendo con niños. Y no tenían que habernos desviado a carreteras comarcales, eso generó más caos. Tenían que habernos enviado a algún hotel o algún establecimiento o habernos hecho esperar hasta que despejasen la autopista", lamenta, al ser preguntada por las declaraciones del director general de Tráfico, Gregorio Serrano, quien responsabilizó a los conductores del colapso.

A punto de volver a casa, Zaira hace balance del dinero de más que han tenido que desembolsar: una noche de hotel extra, la pérdida de la que tenían reservada, ropa y calzado, billetes de Renfe... a lo que se añade haber tenido que faltar este lunes al trabajo. "Pero lo importante es que estamos bien", concluye. Regresa a Baiona con sensaciones contradictorias. Agradecida a personas como el policía local que acudió a ayudarles, a los miembros de Protección Civil, a los militares de la UME que les atendieron en el pabellón o la pareja que les llevó a su destino, "pero muy defraudada con España y sus bajos medios".