Sala de vistas de la Audiencia de Valladolid.
Sala de vistas de la Audiencia de Valladolid. EUROPA PRESS

La Audiencia de Valladolid ha condenado a dos años de prisión a un joven cuya identidad responde a las iniciales D.M.M. como autor de un delito de tráfico de drogas perpetrado en febrero del pasado año en la estación de autobuses de la capital.

El fallo de la Sección Segunda de lo Penal, al que tuvo acceso Europa Press en fuentes jurídicas y que incluye el pago de una multa de 400, contrasta con los cuatro años y medio de cárcel y la sanción pecuniaria de 900 euros que había pedido el fiscal y la absolución demandada por la defensa, que, con carácter subsidiario, había interesado una rebaja de la pena en aplicación de la atenuante analógica de drogadicción o la eximente incompleta de haber actuado bajo la influencia de drogas tóxicas.

El ahora condenado, quien fue juzgado el pasado día 19 de diciembre, fue sorprendido en un establecimiento hostelero de la estación de autobuses de la capital, donde, según entiende acreditada la sentencia, vendió a otro individuo siete de las 20 pastillas de MDMA que portaba junto a un envoltorio de plástico con medio gramo de la misma sustancia.

SIN ATENUANTES

La detención se produjo el 9 de febrero de 2017, sobre las 21.20 horas, tras vender siete comprimidos rectangulares amarillos y otros tres en forma de Y, todos ellos de MDMA, a otro individuo, según el relato de los hechos mantenido por el fiscal y refrendado por la Sala, que, pese a reconocer al condenado la condición de consumidor de cocaína, cannabis, anfetamina y metilendioximetanfetamina (MDMA), no le aplica circunstancia atenuante alguna, en contra del criterio de la defensa.

Además, el encausado tenía en su poder siete comprimido rectangulares amarillos, tres comprimidos en forma de Y así como un envoltorio de plástico con la misma sustancia. En total, las pastillas y el envoltorio sumaban casi ocho gramos de MDMA, que alcanzaría en el mercado un valor de casi 400 euros.

En el juicio, el joven, como versión exculpatoria no estimada por la Sala, alegó consumo compartido, es decir, que había quedado con el otro joven por ser ambos amigos y para entregarle parte de la droga que esta vez le había tocado comprar a él con el fin de consumirla ambos en dos fiestas a las que tenían previsto acudir.

El condenado aseguró que su amigo no le pagó dinero alguno ya que este último había costeado las entradas para las referidas fiestas organizadas en La Cistérniga y en el establecimiento La Fábrica, en la capital de España.

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