El próximo viernes, 12 de enero, llega a los cines una de las películas que más curiosidad y expectación ha despertado en los últimos años. Se trata de Loving Vincent, que ya se promociona como el primer filme realizado al óleo de la historia del cine. Pintura en movimiento o cine con textura de pintura, su laboriosa y concienzuda realización ha requerido de más de 65.000 fotogramas animados, rodados en un principio con actores y pintados uno a uno a mano por artistas de todo el mundo. Todo ello con un objetivo: dar vida a los cuadros de Van Gogh y recorrer parte de su trágica y misteriosa vida a través de las cartas que escribía con frecuencia a su hermano Theo.

Precisamente en su última carta Van Gogh escribía: "no podemos expresarnos mejor que a través de nuestros cuadros". Y ése es precisamente el leitmotiv de la película dirigida por la realizadora polaca Dorota Kobiela y el británico Hugh Welchman. Los actores representan algunos de sus famosos cuadros y la animación de estas representaciones pintadas hace que los personajes se integren perfectamente en el cuadro obteniendo un resultado final de una belleza a la altura de las pinturas del holandés.

Los actores trabajaron en sets construidos con la apariencia real de los cuadros de Van Gogh o en cromas que recreaban después del rodaje los cuadros mediante animación por ordenador. El rodaje con actores se hizo en estudios de Londres y Polonia y antes de ello, el equipo de la película estudió durante aproximadamente un año como recrear estos cuadros. En total, 94 cuadros aparecen de una manera muy similar al original y otros 31 son una representación parcial.

En un principio, Loving Vincent se ideó como un proyecto de cortometraje de animación donde se aunaban las dos pasiones de Kobiela, la pintura y el cine, pero tras su encuentro con Welchman, éste le animó a convertirlo en un largometraje. Su idea original era pintar toda la película ella sola. Finalmente ha acabado dirigiendo un equipo de 125 pintores llegados de todo el mundo a los Estudios Loving Vincent de Polonia y Grecia.

Su objetivo: dar vida a los cuadros de Van Gogh y recorrer parte de su trágica vida a través de las cartas que escribía a su hermano Theo

"Tenía 30 años cuando pensé en Loving Vincent por primera vez, la misma edad que tenía Van Gogh cuando empezó a pintar. Más que sus cuadros, que me encantan, fue el tipo de vida que tuvo lo que verdaderamente me inspiró. He luchado contra la depresión toda mi vida así que me inspiraba la fortaleza de Van Gogh para recuperarse de situaciones similares en su vida con tan solo veinte años y encontrando, a través de la pintura, una forma de traer belleza al mundo. Sus cartas me ayudaron mucho en un momento bajo de mi vida y me animaron a hacer esta película", confiesa Kobiela.

Por su parte, Welchman destaca la vigencia cada vez mayor del legado del artista: "Su popularidad ha ido en aumento desde su muerte y su influencia es a día de hoy mayor que en ninguna otra época. Sus cuadros parecen estar hablando directamente a la gente, incluso a los que no les llama la atención la pintura. A los 28 años era una persona que había fracasado en muchos oficios y fue por esto por lo que empezó a pintar. Diez años después era un genio. En diez años se entregó a un duro trabajo para dejarnos un legado que ha emocionado y reconfortado a la gente desde entonces. Nuestra sensación era que la historia de Van Gogh solamente se podía contar de una manera adecuada si estaba íntimamente conectada con sus pinturas y, en nuestro caso, usamos la pintura y sus cuadros para montar toda la estructura de la película".