Debate a cuatro con Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera
Rajoy (PP), Sánchez (PSOE), Rivera (Cs) e Iglesias (Podemos), en la campaña de las generales de 2016. Mariscal / EFE

Con los resultados de las elecciones catalanas aún en pleno proceso de digestión política, sin un proyecto de Presupuestos Generales del Estado siquiera presentado en las Cortes Generales y con un nuevo terremoto a la vista en la competición entre partidos. Así comienza en lo político este 2018, en el que también tendrán que abordarse cuestiones como la financiación autonómica y donde el debate sobre la reforma constitucional seguirá muy presente.

Un año en el que a priori no se celebrarán elecciones, aunque el devenir de los acontecimientos podría provocar una repetición de los comicios en Cataluña –donde Cs ve imposible gobernar pese a su victoria y la mayoría independentista negocia a toda prisa– o quién sabe si un adelanto de las generales. De confirmarse que no hay cita con las urnas, será la tercera vez en democracia que transcurran 365 días sin una votación: hasta ahora solo ha sucedido en 2002 y 2013.

Los cuatro grandes partidos afrontan con muy distinto ánimo el inicio del nuevo año: el PP, tocado por los resultados de los comicios autonómicos en Cataluña y necesitado de frenar el auge de Cs; el partido de Rivera, en plena operación para convertirse en alternativa seria de Gobierno a nivel estatal; el PSOE, intentando activar el partido y colocar la agenda social en primera plana; y Unidos Podemos, por último, a la baja en las encuestas, perjudicado por el debate territorial.

PP

El partido está tocado por los malos resultados del 21-D, cuando se desplomó hasta quedar por detrás, incluso, de la CUP en el nuevo Parlament. García Albiol se planteó dimitir inmediatamente después de los comicios y, aunque resiste por petición de Rajoy, es evidente que el PP necesita un revulsivo en Cataluña. La estrategia del Gobierno también quedó tocada la noche electoral: pese al 155 y la cita con las urnas, hay una nueva mayoría absoluta independentista.

Así pues, a Rajoy y los suyos no les queda otra que buscar vías para normalizar la situación política catalana que, sin embargo, no se vislumbran con claridad por ahora. Y, todo ello, al tiempo que contiene la subida de Cs, que con un discurso contundente y sin fisuras, beligerante incluso contra el independentismo, ha aglutinado todo el voto útil constitucionalista. Impedir que los de Rivera le roben votos en toda España es otra de las principales preocupaciones del PP.

Además, el Ejecutivo se enfrentará en los primeros compases de 2018 a otros dos grandes retos. El primero es sacar adelante los presupuestos para este año. Con el PSOE, Unidos Podemos y los nacionalistas anclados en el no, al PP no le queda otra vía que seducir de nuevo a Cs y PNV. El segundo es la financiación autonómica: acumula más de un año de retraso y, aunque las comunidades del PSOE son las que más presionan, también hay gobiernos del PP que piden cambios.

PSOE

¿Existe el efecto Sánchez o fue una ilusión demoscópica? El PSOE subió en las encuestas tras las primarias y la nueva dirección esperaba una mejora ostensible de los resultados de 2015 el 21-D; pero no fue así: los primeros comicios de la segunda etapa de Sánchez se saldaron con una decepción. En Ferraz sostienen que la batalla de la izquierda está resuelta y que Cs no compite con los socialistas, sino que ha abierto la liga de las derechas con el PP, pero tampoco ocultan que la cuestión territorial, en la que apuestan por la comisión territorial en el Congreso y la reforma de la Constitución, no les favorece.

Por eso los socialistas iniciarán este mismo jueves una serie de asambleas abiertas a la ciudadanía para hablar de cuestiones sociales y económicas y movilizar al partido de cara a las siguientes elecciones autonómicas y generales. El primero de los temas elegidos son las pensiones. El PSOE no cree que Rajoy vaya a adelantar los comicios, pero, de todos modos, quiere activar su estructura y su masa social, y espera hacerlo hablando de temas como desigualdad, empleo digno, feminismo y cambio climático.

No en vano, el partido se enfrenta al reto de mantener siete gobiernos autonómicos, pese a que solo ganó las elecciones en tres de esas comunidades –Andalucía, Extremadura y Asturias–. El resto de Ejecutivos los logró con alianzas con otras fuerzas de izquierda –salvo en Andalucía, donde Cs invistió a Susana Díaz–, y ahora la caída de Podemos puede perjudicar las opciones de barones como Lambán, Puig o Armengol. Los socialistas, por último, arrastran un problemas en las grandes ciudades: sus resultados en 2015 fueron malos, y ahora buscan candidatos a contra reloj en plazas como Madrid.

Unidos Podemos

Precisamente los ayuntamientos fueron el gran éxito de Podemos en 2015, que optó por no presentarse con sus siglas pero que tuvo un papel indudable en la consecución de las las denominadas Alcaldías del cambio, que se hicieron con el bastón de mando en Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela, A Coruña, Zaragoza, Valencia y Cádiz. Ahora el reto es mantener ese poder, que en casos como los de Manuela Carmena –dispuesta a repetir como candidata– o Ada Colau está muy vinculado al tirón personal de las candidatas.

Con sus asambleas territoriales ya completadas –al igual que el PSOE, que ya ha concluido sus procesos congresuales durante la segunda mitad de 2017–, Podemos afronta dos incógnitas de cara a las siguientes elecciones autonómicas y municipales: la primera, si repetirán determinadas figuras clave, como las citadas alcaldesas, y la segunda, si se presentará con su marca, como Unidos Podemos –es decir, en alianza con IU y formaciones minoritarias como Equo– o si incluso busca confluencias más amplias con movimientos sociales.

A nivel estatal, el partido morado acumula meses de caída sostenida en las encuestas. Muchos sondeos lo relegan a la cuarta plaza, por detrás de Cs, escenario que la dirección de la formación no contempla. Este sábado se reunirá por primera vez tras los comicios el Consejo Ciudadano Estatal, máximo órgano entre asambleas. En ese cónclave reaparecerá Pablo Iglesias, ausente en las últimas semanas, para exponer su diagnóstico de las causas del pinchazo del 21-D y fijar la estrategia para este año político. El partido morado quiere centrarse en cuestiones sociales.

Cs

La formación naranja vive un momento dulce tras el innegable empuje que le ha conferido su histórica victoria en Cataluña, donde nunca antes se había impuesto en votos y escaños una formación alejada del nacionalismo catalán. Con sondeos que le conceden ya la tercera plaza, incluso cerca del PSOE, podría intentar rivalizar de tú a tú con el PP en circunscripciones de la España rural, que hasta ahora se le habían resistido. Todo ello hace que el partido albergue la expectativa de erigirse de cara a los próximos comicios en alternativa real de gobierno.

En el Congreso, Cs amenaza con emplear sus buenas expectativas para apretar las tuercas al PP y exigir que aumente el cumplimiento del pacto de investidura de Mariano Rajoy, del que los conservadores dicen estar en trámites de cumplir el 80% y que para el partido naranja solo se ha materializado en un 25%. Según apuntó el secretario general de Cs, José Manuel Villegas, de la voluntad de cumplimiento de Rajoy dependerá también el apoyo de los 32 diputados naranjas a los Presupuestos Generales del Estado, que el resto de la oosición da por hecho.

A nivel autonómico y municipal, Cs se abre ya a entrar en gobiernos autonómicos como baza para crecer y consolidarse. El partido es, de facto, clave para la gobernabilidad de territorios como Madrid, Andalucía o Castilla y León, pero hasta ahora ha preferido mantenerse ajeno al poder, en la oposición. La dirección nacional considera ahora que flexibilizar esa posición contribuirá a ganar visibilidad de cara a las generales, el mayor objetivo, que, si nada cambia, se celebrarán unos meses después.