British Airways
Un Boeing 787-8 de British Airways. MARK HARKIN/WIKIPEDIA

Reino Unido dispone de poco más de un año para negociar en materia de aviación un acuerdo con la Unión Europea (UE) y evitar así que las aerolíneas británicas pierdan los derechos de vuelo que ahora mismo poseen fruto de acuerdos negociados en el seno de la UE con otros países.

Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea a 27 han dado ya su visto bueno a los "avances" logrados en las negociaciones del 'brexit', que han sentado las bases del divorcio, y aceptado pasar a la segunda fase de las conversaciones para fijar un periodo de transición y discutir sobre el marco futuro de las relaciones.

A partir de ahora, ya en enero el objetivo con las directivas de negociación necesarias abordar el periodo transitorio, que Londres propone que sea "de unos dos años".

La Comisión Europea (CE), que asegura que Reino Unido se convertirá con su salida en un "tercer país", se ha dirigido a las compañías aéreas británicas para advertirles de que no disfrutarán de los derechos de tráfico bajo ninguno de los acuerdos de transporte de los que la UE sea parte.

Con ello, perderán también los derechos de vuelo bajo acuerdos individuales entre Estados miembros y otros países. Además, todas las licencias operativas garantizadas por la Autoridad Civil de Aviación británica (CAA, por sus siglas en inglés) no serán válidas para la UE, lo que significa que las compañías serán excluidas del mercado interior comunitario.

"De cara a continuar beneficiándose de la libertad de establecimiento y proporcionar servicios aéreos en el mercado interno de la UE desde la fecha de la retirada, se aconseja a los operadores aéreos que consideren cualquier medida para asegurarse de que se cumplen las condiciones para tener una licencia operativa en la UE en todas las circunstancias", advierte la notificación.

Ante esta situación desde la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), que agrupa al 83% del tráfico aéreo mundial, se insiste en que antes de octubre del próximo año se deberían tomar todas las previsiones necesarias para evitar el colapso del sector aéreo europeo.

La falta de acuerdo bilateral con países europeos colocaría al sector de la aviación en un 'limbo regulatorio', que provocaría que no se pudiera volar entre Europa y Reino Unido. Las compañías mantienen que como mínimo se alcance un acuerdo similar al actual que garantice la libre circulación de personas.

Las aerolíneas mueven ficha

Entre las principales compañías británicas que operan en toda Europa figuran easyJet, British Airways del grupo IAG, Flybe, Jet2, y Virgin Atlantic.

De momento, easyJet ha creado una nueva sociedad con sede en Viena (Austria), easyJet Europe, lo que permitirá a continuar sus operaciones de vuelo después de que sea efectivo el 'brexit'. La aerolínea británica de bajo coste está a la espera de recibir el certificado como nuevo operador de las autoridades austríacas.

Por su parte, Ryanair ya advirtió que el 'brexit' podría provocar la suspensión de sus vuelos desde el país durante un periodo de tiempo si el Gobierno británico no aclara cómo va a negociar con la UE la política de cielos abiertos para asegurar las operaciones.

Estas incertidumbres han llevado a Ryanair a rebajar su previsión de crecimiento en Reino Unido del 15% al 6% en 2017. La aerolínea estudia si solicita una licencia de Reino Unido para operar vuelos domésticos en territorio británico o, por el contrario, opta directamente por la cancelación de sus rutas en Reino Unido, que suponen ahora el 2% del total de sus operaciones.

Otras voces acreditadas como TUI Group, primer operador turístico del mundo, ha realizado un llamamiento a las partes para que se aborde una solución al flujo aéreo. El touroperador alemán cuenta con planes de contingencia para atajar las posibles consecuencias en su negocio del divorcio de Reino Unido y la UE.

El grupo germano que opera en Reino Unido con la marca TUI UK (antes Thomson) cuenta con un importante número de aerolíneas que vuelan a destinos vacacionales en España, especialmente en Baleares y Canarias, además de Grecia, mercados habituales de los británicos.