Sarajevo
Sarajevo, vista desde el cementerio de Alifakovac (Jonás Candalija) JONÁS CANDALIJA

Sarajevo guarda silencio. Aunque se conozcan noticias como la decisión del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) de condenar a 33 años de prisión al general serbobosnio Dragomir Milosevic por el asedio a la ciudad durante la guerra civil bosnia (1992-1995), los asuntos de la guerra siguen siendo un tema tabú entre la población, reservados únicamente para conversaciones privadas.

La noticia de la condena a Milosevic ha sido acogida con la mayor de las indiferencias entre los ciudadanos, al menos en la calle, donde reina la desconfianza.

Cada una de las etnias se siente víctima y no verdugo

La herida sigue abierta a ambos lados del río Miljacka, en gran parte por los prejuicios existentes entre las distintas etnias que constituyen la población. En Sarajevo conviven los bosníacos (la gran mayoría de la población) junto con los serbobosnios y los bosniocroatas, y la división, que no es perceptible en los espacios públicos, existe todavía de puertas para adentro.

"Cada una de estas etnias se siente víctima y no verdugo", relata Jonás Candalija, cooperante de la Oficina Técnica de Cooperación con los Balcanes.

El cooperante español en la zona asegura que la división no se percibe a primera vista, pero sí en el cara a cara, en el trato cercano. "Cuando entablas una relación más estrecha con la gente puedes comprobar que esas diferencias son un lastre para el desarrollo del país". 

Las diferencias, la desconfianza, el rencor e incluso el miedo explican el silencio. La población ahora 'prefiere' tener otras preocupaciones antes que remover el pasado.

Pendientes de la crisis 

La condena ni siquiera se incluye en la agenda política del país, absorbida exclusivamente por la crisis de gobierno provocada por la dimisión del primer ministro, Nikola Spiric el pasado 12 de noviembre.

Desde entonces, Bosnia permanece a la espera, paralizada y todavía con un Consejo de Ministros en funciones. 

Milosevic y Galic, los verdugos de Sarajevo

Dragomir Milosevic es responsable de crímenes de guerra y contra la humanidad en la capital de Bosnia y Herzegovina entre 1992 y 1995.

Los prejuicios son un lastre

Según se puede leer en la sentencia, las pruebas muestran que durante de 15 meses el cuerpo de Romanija del Ejército serbobosnio, dirigido entonces por Milosevic, "llevó a cabo una campaña de asedio desde las colinas de Sarajevo que tuvo como consecuencia un gran número de muertos y heridos entre la población civil".

Pero Milosevic, cuya condena ha sido de 33 años, puede ver aumentada su pena tal y como le ocurrió al entonces comandante Stanislav Galic, condenado en primera instancia a 20 años y posteriormente, en noviembre de 2006, a cadena perpetua por los mismos hechos que Milosevic tras una apelación de la Fiscalía.

Cómo fue el asedio de Sarajevo

Más de 18.000 soldados serbobosnios asediaron Sarajevo durante tres años, empleando, según la sentencia, "francotiradores bien entrenados que usaban rifles con telescopios, así como morteros para asediar la ciudad" y cortando cualquier tipo de suministro a la población civil, que permaneció sin sus necesidades básicas cubiertas.

Los hechos ocurridos en Sarajevo, junto con la matanza de Srebrenica, son dos de los símbolos de las atrocidades cometidas en la guerra.

La guerra sigue matando: el desminado

La ciudad, destruida durante la guerra y prácticamente rehabilitada entre 1996  y 2003, aún recuerda el horror vivido en forma de marcas de balazos en las fachadas, placas conmemorativas en los edificios y marcas de pintura roja en el suelo que señalan el punto exacto en el que impactó alguna bomba.

Hay 300.000 armas repartidas entre la población civil

Pero el mayor de los recuerdos de la guerra aparece representado en un peligro todavía real: el desminado. Las minas son dueñas de algunos de los montes más maravillosos de Sarajevo, convertidos desde la guerra y aún hoy en lugares prohibidos para la población por su peligrosidad.

De hecho, la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) calcula que actualmente existen cerca de un millón de minas antipersonas sin desactivar en toda Bosnia y Herzegovina (un 4% de la superficie del país está todavía minado).

Además, según Candalija, "al desminado hay que unir la existencia de 35.000 toneladas de munición y un stock de armas de 250.000 unidades en las Fuerzas Armadas y de unas 300.000 repartidas entre la población civil".

Quizá para los libros de historia la guerra civil de Bosnia terminara en 1995, pero la realidad, el día a día de los habitantes de Sarajevo, dice algo muy distinto.