Hay quienes no tienen dinero ni para pagarse su funeral, ni a un familiar cercano que corra con todos los gastos. Pero aún así, pueden tener un entierro digno. De eso se ocupa el Ayuntamiento que cada año entierra a una quincena de pobres en el cementerio de Oviedo. Este año han muerto 12. 

El procedimiento comienza con un aviso desde el Hospital Universitario Central de Asturias al Ayuntamiento. Un asistente social certifica que esa persona o su familia, si la tuviera, no disponen de recursos para pagar el servicio. Entonces llama a la empresa que gestiona el cementerio desde 1995, Funerarias Reunidas S. A. (Furesa), que aquí corre con los gastos. Cuando el Ayuntamiento y la empresa firmaron la privatización del cementerio de San Salvador en 1995 por un periodo de 50 años, acordaron que así fuera.

En Furesa no tienen una estimación del dinero que gastan en hacer estos entierros, pero un «servicio de beneficencia», como lo llaman, cuesta lo mismo que el entierro más barato. Es decir, unos 1.200 euros, y eso incluye una ceremonia de responso, un ataúd y un nicho.

En Oviedo hay unos 80 sin techo

Un varón de 35 años con problemas de salud mental, en paro de larga duración y con dependencia al alcohol o a las drogas. Ése es el perfil del sin techo de esta ciudad. Según Cáritas Diocesana de Oviedo, aquí hay unos 80 pobres, y estos cálculos los hace la organización teniendo en cuenta la ocupación de los distintos ‘hogares’ que hay en la capital: Calor y Café (una casa de acogida a personas sin domicilio), el Centro de Encuentro de Acogida (dirigido a toxicómanos) y el albergue Cano Mata Vigil.