'Estragos de la guerra'
'Estragos de la guerra', de Goya, presente en la exposición MUSEO LÁZARO GALDIANO

Fueron dos monstruos en el mejor de los sentidos de la creación, y ambos compartieron su defensa de la libertad lejos de todo prejuicio; fueron dos creadores de sueños, aunque a veces estuvieran hechos de pesadillas.

Goya y Buñuel, tan lejos en el tiempo y tan cerca en su espíritu crítico, su necesidad de libertad, su búsqueda en la razón y fuera de ella, su utilización del arte para generar reacciones, se vuelven a 'aprender' en la exposición que ayer abría sus puertas en un lugar privilegiado de Madrid, el Museo Lázaro Galdiano: Los sueños de la razón, organizada por el gobierno de Aragón y Fundación Ibercaja, y abierta hasta el 4 de marzo. Viajará después por distintos lugares dentro y fuera del país.

Dejan al espectador como estas dos bestias de la conmoción querían: conmovidoFotogramas de películas de Buñuel casi rozando obras de Goya dejan al espectador como estas dos bestias de la conmoción querían: conmovido.

Dividida en cuatro partes, la muestra da fe de su nada complaciente manera de mirar el mundo que los rodeaba y en la que encontramos obras como una desconocida Virgen con el niño de Goya, que hace muy poco se atribuyó al artista y que se exhibe por primera vez. "En ella hay todavía cierta ternura", resalta el comisario de la exhibición José Ignacio Calvo que, con la otra comisaria, Amparo Martínez, ha llevado a cabo este hoy lucido –también lúcido– trabajo de buscar y mostrar los paralelismos entre los dos genios.

«También queríamos acabar con el tópico de que eran sordos, afrancesados y aragoneses». Esto último es un dato, sin embargo, ya que ambos nacieron a apenas 90 km de distancia: el pintor en Fuendetodos (Zaragoza) y el cineasta en Calanda (Teruel); eso sí, la lejanía era temporal y larga: de casi dos siglos. Francisco de Goya nacía en 1746, mientras su compañero de museo lo hacía inaugurando centuria, en 1900.

"Los dos eran esponjas de lo que sucedía", recalca Amparo, que destaca Los olvidados de Buñuel –presente en la exposición– como ejemplo de ello. "También señalo los rostros deformados de Goya en El Tío Paquete, y la capacidad de los dos de ahondar en las emociones. No hay más que mirar Los disparates de Goya o ese extrañamiento del cine de Buñuel".

Acaso, aunque sea injusto simplificar lo imposible de reducir a un título, todo quede resumido en ese soñar de la razón, que a veces produce, como decía Goya, monstruos. Y esta vez, geniales.