Con un libreto de los hermanos Coen bajo el brazo, George Clooney ha vuelto a ponerse tras las cámaras para construir Suburbicon (8 de diciembre), su sexto largometraje como director tras el fracaso de The Monuments Men.

El resultado en este caso es mucho mejor, pero nada tan brillante como durante un tiempo se esperó del Clooney de Buenas noches, y buena suerte o Los idus de marzo. Este relato protagonizado por Matt Damon y Julianne Moore es un constante disparador de buenas ideas que, por desgracia, no siempre dan en el blanco.

Quizá la más certera es la atmósfera, la elección de un aparentemente idílico pueblo estadounidense de los años 50 como telón de fondo para una historia de crímenes, puro cine negro y esencia noir en un soleado vecindario de bonitas casas con garaje, jardín y vallas blancas de madera.

También parece un acierto, al menos en un principio, la división del argumento en dos tramas paralelas. Por un lado se cuenta el trágico suceso del que es víctima la familia Lodge, un asalto a la casa que acaba con la muerte de la madre del pequeño Nicky. Tras la traumática vivencia, el niño se ve arrastrado a una serie de inesperados acontecimientos. La segunda historia gira en torno a los nuevos vecinos, una familia de raza negra que pronto despierta las iras racistas del resto de miembros de la comunidad.

Estas dos tramas transcurren de forma paralela e independiente, sin tocarse salvo por la amistad que entablan los pequeños de ambas familias. Lo que las une de verdad es el mensaje de fondo, la obvia moraleja de la hipocresía de la supremacía blanca estadounidense, la doble moral de una sociedad que se define modélica pero que se comporta como una manada salvaje contra los civilizados mientras oculta las verdaderas atrocidades que tienen lugar en su seno, a veces a la vista de todos, pero ignoradas para mantener las apariencias.

Quizás el elemento que falta es un poco más de humor, o mayor sutileza a la hora de lanzar el mensaje o giros más ingeniosos

Por desgracia, todo queda a medio a gas. Ninguno de los dos relatos, que casi podrían ser dos películas diferentes, llega a adquirir la furia, la contundencia y la coherencia que habría hecho falta para hacer de Suburbicon una película memorable. Tal vez un vínculo más fuerte entre ambos, una mayor unidad, habría bastado para conseguirlo.

Quizás no, quizás el elemento que falta es un poco más de humor, o mayor sutileza a la hora de lanzar el mensaje o giros más ingeniosos (algunas de las claves del guion se ven venir de lejos). Aun así, lo último de Clooney es disfrutable, no solo por la ya citada puesta en escena sino por el trabajo actoral.

Matt Damon es un perfecto tipo frío y desagradable, el amigo que a nadie le apetece tener, Julianne Moore es una mujer tan encantadora que resulta inquietante y el trabajo del pequeño Noah Jupe resulta prometedor. Gracias a ellos, es poco probable que alguien se aburra si acude al cine a ver Suburbicon. No marcará su existencia, pero le hará pasar una buena tarde de domingo (o miércoles).