El árbol de Navidad es una de las más típicas tradiciones durante estas fechas. Ya no sólo reinan los salones y entradas de las casas, si no que cada vez son más municipios, tiendas o fábricas las que ponen uno en mitad de sus dominios.

Eso sí, la mayoría de ellos son artificiales. Atrás ha quedado lo de comprar abetos recién talados de los bosques y montes vizcaínos. Hoy en día, la venta de estos árboles ha caído en picado en nuestro territorio.

La venta de arbolitos naturales para utilizarlos de base de miles de pequeños adornos ha descendido entre un 60 y un 70% en los últimos diez años, según los viveros vizcaínos. En muchos casos, incluso, se ha optado por dejar de venderlos. «Nosotros desistimos hace dos años; la gente prefiere tener uno de plástico porque lo puede reutilizar cada año», señalan en el vivero Garden Alar de Sopelana.

El daño ecológico también ha influido en que muchos de los viveros hayan dejado de ofrecerlos. «Sólo un 1% de los abetos naturales sobrevive a la Navidad», señala Txutxi Cantero, portavoz de Ekologistak Martxan.

Los ecologistas advierten, además, que ir al monte y llevarse un abeto, o acebo, está terminantemente prohibido y animan a la población a «usar más la imaginación y hacerse árboles de papel».

Aunque todavía existen entre nosotros los nostálgicos a los que les gusta ir con sus niños «a seguir el ritual de la elección y compra del abeto más adecuado para cada casa», explica Eugenio Olasagasti, del centro de jardinería Koala, en el municipio de Gorliz.