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Para el abordaje del infarto agudo de miocardio, Andalucía cuenta desde 2012 con el Código Infarto, un sistema de alerta entre los equipos de urgencias y emergencias sanitarias y los servicios de cardiología y hemodinámica de los hospitales, con la finalidad de reducir la mortalidad y morbilidad de las personas con síndrome coronario agudo y mejorar su recuperación y calidad de vida.

UGT ha criticado que desde la Consejería les habían asegurado que la nueva sala del Carlos Haya estaría terminada a finales de 2016, pero en la actualidad no se ha puesto "ni un sólo ladrillo", sino que solamente se han tomado medidas para buscar el espacio físico. Dicho espacio, han afirmado, sería "ideal" que estuviera ubicado junto a la actual sala de hemodinámica, pero para ello es necesario que la construcción del nuevo pabellón deje espacio suficiente, han señalado.

En cuanto a la necesidad de esa nueva sala radica en que el tiempo de actuación efectiva de las angioplastias primarias debe de ser en torno a 90 minutos, y si este hay que aplicarlo cuando está siendo intervenido otro paciente no se puede suspender la intervención para realizar esta otra nueva y urgente. "Esa es la razón por la que todos los hospitales de referencia tienen al menos dos salas", han explicado.

Por otro lado, han informado de que en el Hospital Regional el personal, que utiliza una tecnología para este fin que data de 2006, suele intervenir una media de once pacientes al día de lunes a jueves, cuando hay turnos de mañana y tarde, y a cuatro o cinco pacientes los viernes.

Para UGT es necesario reponer la tecnología destinada para hemodinámica, ya que la maquinaria actual "se está amortizando si no está amortizada ya", y "no queremos que cuando finalmente se disponga de la nueva sala de hemodinámica haya que esperar una nueva máquina para la sala actual".

Así, han informado de que de mantenerse más tiempo está situación se generará "una lista de espera no asumible bajo el punto de vista sanitario dada la fragilidad de los pacientes cardiópatas". Ya que, según han asegurado, "por cada minuto de retraso en actuar, las posibilidades de supervivencia del paciente que sufre una parada cardiorrespiratoria disminuyen un diez por ciento".

Por ello, han indicado que "una aplicación rápida y correcta de las acciones incluidas en la cadena de supervivencia, entre las que destaca la desfibrilación eléctrica precoz, podría aumentar las tasas de supervivencia en tres de cada cuatro casos."

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