John F. Kennedy y Jacqueline Kennedy
El presidente de EE UU John F. Kennedy y la primera dama, Jacqueline Kennedy, tras recibir al presidente de Túnez Habib Bourguiba en Washington DC, el 3 de mayo de 1961. EFE / ABBIE ROWE / NATIONAL PARK SERVICE

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, permitió este jueves la publicación de unos 2.800 documentos hasta ahora clasificados sobre el asesinato de John F. Kennedy, pero retuvo algunos tras recibir presiones del FBI y la CIA.

Trump ha ordenado a su equipo revisar los documentos retenidos o censurados a lo largo de los próximos seis meses, con la idea de volver a pronunciarse sobre el asunto y publicar algunos más como tarde en abril de 2018, según explicaron altos funcionarios estadounidenses.

"Hoy ordeno que el velo finalmente se levante", dijo Trump en un memorando presidencial, en referencia al último tramo de documentos relativos al asesinato de Kennedy que el Gobierno estadounidense mantiene clasificados como confidenciales.

Una hora más tarde, los Archivos Nacionales publicaron en su página web las versiones digitales de 2.891 documentos desclasificados, algunos de ellos censurados en parte.

Trump aseguró que "el pueblo estadounidense espera y merece el mayor acceso posible" a los archivos sobre ese hito histórico, pero que "alguna información" de la que poseen los Archivos Nacionales "debe seguir censurada" por el momento, debido a preocupaciones de seguridad nacional.

"No tengo otra opción, hoy, que aceptar esas censuras en lugar de permitir un daño potencialmente irreversible a la seguridad de nuestra nación", afirmó Trump.

No tengo otra opción, hoy, que aceptar esas censuras en lugar de permitir un daño potencialmente irreversible a la seguridad de nuestra naciónUna de las funcionarias que hablaron con los periodistas confirmó que "la gran mayoría de las solicitudes" de que Trump mantuviera censurados ciertos documentos "provinieron del FBI y la CIA".

A esas agencias les preocupaba que los archivos expongan "la identidad de individuos implicados y su papel como informantes de una investigación de seguridad o inteligencia", quienes aún pueden seguir vivos hoy, apuntó otro alto funcionario.

"A menudo, también hay datos sensibles relacionados con la identificación de actividades que se llevaron a cabo con el apoyo de organizaciones extranjeras aliadas", añadió la fuente.

Entre esas actividades podrían estar los acuerdos de inteligencia que EE UU tenía en 1963 con el Gobierno de México, según aseguró este miércoles a Efe el juez federal John R. Tunheim, que entre 1994 y 1998 revisó todos los documentos oficiales del Gobierno estadounidense sobre el asesinato de Kennedy.

Esos acuerdos habrían permitido a Washington, según informes de prensa, vigilar las embajadas en la capital mexicana de Cuba y la Unión Soviética, visitadas por el presunto asesino de Kennedy, Lee Harvey Oswald, seis semanas antes del asesinato.

Trump ha exigido a cada agencia federal que revise cada uno de los tramos censurados "a lo largo de los próximos 180 días", hasta el 26 de abril de 2018, cuando ordenará "la publicación de cualquier información que las agencias no puedan demostrar" que debe seguir clasificada bajo los parámetros establecidos en una ley de 1992.

Revelaciones

Los archivos recién publicados contienen menciones al programa que utilizó la CIA para escuchar las conversaciones en las embajadas de Cuba y la Unión Soviética en la capital mexicana, ambas visitadas por Oswald en septiembre y octubre de 1963.

"En 1970, había un archivo cronológico de la vigilancia en las embajadas cubana y soviética (...) pero esos archivos habrían sido destruidos", indica un documento de marzo de 1978.

Lo que los expertos esperaban encontrar en los documentos eran detalles sobre la naturaleza del acuerdo que la CIA alcanzó con el Gobierno mexicano para montar esa vigilancia, según dijo a Efe el juez federal John R. Tunheim, que encabezó el comité independiente que revisó todos los documentos del Gobierno entre 1994 y 1998.

Algunos documentos mencionan el viaje de Oswald a México: un cable fechado el 28 de noviembre de 1963 habla de un "rumor" de que este había depositado "5.000 dólares (4.200 euros) en un banco de Estados Unidos" durante su visita a la capital mexicana, pero otro cable de marzo del 1964 asegura no haber encontrado pruebas de ello, a no ser que el presunto asesino de Kennedy hubiera usado otro nombre.

Otro cable refleja una entrevista con la secretaria del cónsul cubano en México, Silvia Durán, que asegura que Oswald le pidió un visado de tránsito por Cuba de camino a la Unión Soviética y que, cuando vio que conseguirlo era difícil, se "enfadó extremadamente".

En otro documento, el FBI revela que, poco después del asesinato de Kennedy en 1963, recibió una llamada en la que alguien amenazaba con matar a Oswald, quien fue disparado mortalmente por Jack Ruby dos días después de haber matado al presidente.

Pero algunos de los documentos más interesantes no hablan del asesinato, sino de la cultura y acciones del Gobierno estadounidense en una década de paranoia y lucha anticomunista.

Un largo informe analiza "la implicación de la CIA en planes para asesinar a líderes extranjeros", entre las que destacan sus numerosos intentos de acabar con Fidel Castro, pero también las armas que proporcionó para que mataran al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, o su complot contra el congoleño Patrice Lumumba.

Esos documentos, y los que seguirán publicándose a lo largo de las próximas semanas y meses por orden de Trump, podrán saciar la sed de algunos historiadores, pero es improbable que disipen las numerosas teorías de la conspiración sobre el asesinato de Kennedy.