Corsarios, así denominan coloquialmente los profesionales del gremio y de las Fuerzas de Seguridad del Estado a los conductores de los taxis piratas. Por muy peliculero que suene, estos vehículos existen. De hecho, la Policía Local pilla cada año a cerca de un centenar de taxis que prestan el servicio en la ciudad sin ningún tipo de amparo legal.

Se trata de un fenómeno que se produce desde hace tiempo, aunque «últimamente se ha detectado un incremento significativo», confirman fuentes policiales. Hay dos tipos de taxis piratas: los que carecen de licencia y los que, aún teniéndola, infringen asiduamente la normativa que regula el servicio.

El primer caso tiene que ver con vehículos privados que no tienen permiso para trabajar ni medidas de seguridad, etc.; tampoco pagan impuestos: «Ellos se ponen de acuerdo con el cliente sobre el precio y las condiciones del transporte», explican fuentes de la Policía Local.

Es muy difícil detectarlos, ya que están camuflados como vehículos normales (suele ser un monovolumen) y no se les distingue como taxis. Algunos sólo llevan una pegatina que reza «servicio público», señalan la mismas fuentes. Además, los clientes suelen pactar con ellos su silencio «para que les cobre el viaje más barato a cambio de que no les delaten».

El segundo tipo hace alusión a taxis que, disponiendo de permiso, meten a más viajeros de la cuenta, les cobran individualmente o recogen a clientes de la capital. Los hay también que reforman su vehículo para tener más capacidad: «Han llegado a meter hasta 20 personas en un mismo taxi, con asientos de mimbre en el maletero». Por este tipo de infracciones ya se han puesto 32 denuncias en lo que va de año.

En Trinidad y zona de hospitales

Los corsarios paran en el entorno de Trinidad y de la zona de hospitales: Inmaculada, Ribera del Beiro, Doctor Azpitarte, etc. Sus clientes suelen ser personas mayores que vienen de la zona de Guadix, Alhama, Peligros... a hacerse chequeos, estudiantes o pequeños empresarios. Los hay que llegan, dejan a sus clientes y se llevan a otros para no hacer el viaje de vuelta de vacío.