Frank Langella
Frank Langella en la gala de los premios Tony de teatro en Nueva York, en 2016. GTRES

Drácula fue su primer gran papel como protagonista en la gran pantalla en la película que dirigió John Badham estrenada en 1979. Por ello, no es de extrañar que el Festival de Sitges de este año, con un cartel y programación que conmemoraba al siniestro conde surgido de la pluma de Bram Stoker, haya querido homenajearle con uno de sus grandes premios honoríficos. Frank Langella, 78 años y nacido en New Jersey, es reconocido sobre todo por interpretar a villanos, pero cabe recordar que en sus inicios, en los 70, fue un galán que enamoraba fácilmente a sus parejas femeninas o incluso a estrellas que le superaban en edad como Rita Hayworth y Elizabeth Taylor. Una de las mujeres de su vida fue Whoopi Goldberg —su pareja desde 1996 hasta 2001—.

También ha conocido las miserias del olvido y la carencia de dinero, pero logró reponerse a finales de los 80. Entre sus películas destacan, para bien o para mal, títulos como Masters del universo (1987), 1492: La conquista del Paraíso (1992), El cuerpo del delito (1993), La isla de las cabezas cortadas (1995), Lolita (1997), La novena puerta (1999), Buenas noches, y buena suerte (2005), Superman Returns (2006) o Starting Out in the Evening (2007), Wall Street: el dinero nunca duerme (2010), Un amigo para Frank (2012) o una de sus mejores interpretaciones, y de las más recientes, en la aclamada serie The Americans. En teatro ha sido galardonado en cuatro ocasiones con el premio Tony, uno de ellos precisamente por interpretar a Richard Nixon en El desafío: Frost contra Nixon, papel que repitió en cine y por el que fue nominado a los Oscar.

Para mí, Béla Lugosi es el verdadero propietario de la imagen de Dracula Su Drácula, de 1979, fue sexy y elegante, también una película incomprendida en su momento, pero... ¿recuerda alguna anécdota divertida del rodaje?
Recuerdo una escena en la que yo estoy montando a caballo y Laurence Olivier (Van Helsing) está de pie, cuando él recibe un tiro en la cara yo no estaba en la filmación. Laurence acabó su trabajo en la película y se fue, al cabo de dos meses. Más adelante, para seguir con la continuidad que requería la escena, tomaron una foto de Laurence y la colocaron en un palo anclado al suelo. Pero había barro y el palo se iba hundiendo. Mi línea de mirada con la de la fotografía se iba perdiendo, y más montando a caballo. Fue una escena curiosa de rodar. Se rodó con los dos por separado, aunque no se nota en la película.

¿Con qué Drácula cinematográfico se quedaría?
Me encanta Nosferatu, el clásico del cine mudo, y también la versión de los 70 que protagonizó Klaus Kinski. Pero para mí Béla Lugosi es el amo, el verdadero propietario de la imagen de Drácula.

¿De entre sus trabajos más recientes, su personaje de Gabriel en la serie 'The Americans' sería también uno de sus preferidos de toda su carrera?
Sí. Me gusta que en un mundo de espías, de asesinatos y muertes y entre tanta intriga que mi personaje tuviera tanta dulzura y amabilidad con las personas que debe cuidar. No era para nada el típico espía.

¿Casi siempre le ha tocado interpretar personajes complejos y oscuros, sin embargo su debut fue muy distinto, en la comedia 'El misterio de las 12 sillas' (1970) de Mel Brooks?
Fue mi debut y la verdad es que me gustaba, y me gusta, hacer comedias, pero siempre he sido más conocido por este tipo de papeles de personajes más oscuros. Como diría Oscar Wilde, los rasgos físicos han acabado marcando mi destino.

El éxito siempre actúa en detrimento del crecimiento personal

Empezó en los 70 y parece que todavía ofertas no le faltan. ¿Encuentra un gran contraste, en cine o televisión, por el hecho que sea mucho más fácil mostrar ahora escenas de sexo, violencia o lenguaje explícito?
Ahora creo que se ha llegado demasiado lejos. Siempre me ha resultado mucho más interesante ver lo que no es tan explícito. Para mí la época dorada de las grandes películas fue en los años 40. No era necesario mostrar tanta sangre. Cuando había un disparo simplemente bastaba con que el actor hiciera un gesto de dolor o cayendo, no era necesario recurrir a tantos primeros planos, trucos o efectos digitales. No era necesario mostrar el cuchillo penetrando en la carne, ni mostrar las tripas colgando, y no por ello dejabas de creerte lo que estabas viendo. Ahora estamos alejándonos de esa fantasía, de esa invitación a la imaginación.

Si le encanta el cine de los 40 entonces seguro que también le encanta el cine negro.
Es mi preferido. Hubo grandes películas y actores como James Cagney o Humphrey Bogart, o mujeres bellísimas inolvidables como Lauren Bacall o Veronica Lake. Eran películas grandiosas, mágicas, preciosas. Me encanta el cine en blanco y negro.

Su única nominación a los Oscar, por el momento, fue por encarnar a Richard Nixon, en 'El desafío: Frost contra Nixon' (2008), ¿sintió una ilusión especial al ser nominado o cree que este tipo de premios están sobrevalorados?
No son importantes si ni siquiera estás nominado, pero si ganas... es lo mejor del mundo (ríe).

A lo largo de su trayectoria ha conocido muchos altibajos, ¿se aprende más de los éxitos o de los fracasos?
No te creas nunca nada del éxito. El éxito actúa en detrimento del crecimiento personal.