Sorteando obstáculos en Marzana
Delimitan el espacio de los coches y los peatones.(Begoña Hernández)
Como si fueran un auténtico fortín, las aceras de Bilbao se han blindado contra los coches. Y también contra lo que no son los coches. Peatones, sillitas de niños, sillas de ruedas para discapacitados, invidentes... padecen a diario la iniciativa municipal que, sin embargo, tiene como objetivo ganar espacio para los peatones y eliminar barreras.

En Bilbao se han puesto unos 10.000 bolardos o pivotes sobre las aceras en los últimos cuatro años, sobre todo en los barrios con más dificultad de aparcamiento. Pero la iniciativa municipal prosigue y los bolardos se siguen colocando según se abren nuevas zonas peatonales. Cada uno, viene a salir a las arcas municipales por unos 250 euros.

«Son obstáculos físicos a las personas, a los discapacitados y, sobre todo, a los invidentes; son propios de una ciudad inculta y sin ley», explica el lector, con un 66% de discapacidad.

El Ayuntamiento, sin embargo, considera que los pivotes responden a peticiones vecinales «para garantizar la accesibilidad y la seguridad de los peatones».

Los invidentes tampoco comparten la opinión municipal. Muchos están mal colocados, sobre todo en algunas zonas, alegan. «En los pasos de peatones no tiene sentido que se pongan, ya que los ciegos nos tropezamos con ellos muchas veces», denuncian a este periódico.

Bilbao no es accesible: Según un informe de Consumer, Bilbao obtiene una calificación de ‘regular’ en cuanto a la accesibilidad para personas con discapacidad física en sus calles.

Sorteando obstáculos en Marzana

Delimitan el espacio de los coches y los peatones, pero también suponen un obstáculo físico para el viandante y para los minusválidos, según cita el lector Manuel Zarabeitia. Es sólo uno de los espacios públicos de Bilbao donde los bolardos abundan.  foto: begoña hernández