Condenado por violar a su hija ante la indiferencia de la madre

F. G. S., de 45 años, vecino de Morón de la Frontera (Sevilla) ha sido condenado a nueve años y medio de cárcel por abusos sexuales continuados a su hija, desde que la niña tenía 12 años hasta los 14, mientras que la madre "prefirió cerrar los ojos a lo que estaba sucediendo". Además, tendrá que pagar 20.503 euros de indemnización a la víctima.

La sentencia de la Audiencia de Sevilla explica que a de la "desestructuración familiar" que causó esta situación, la Juntadeclaró en enero de 2006 el desamparo de los tres hijos de la pareja. La víctima de los abusos vive desde entonces en un centro de menores.

Cuando la niña tenía 12 años, el acusado comenzó a hacerle tocamientos libidinosos en el pecho, los glúteos y el pubis. Los hechos se repitieron varios años, según la sentencia.

Los abusos tenían lugar en la cocina, el cuarto de baño y la habitación de la niña, que "trataba de oponerse a tales tocamientos, sin conseguirlo, por la mayor fuerza física de su padre y el temor que éste le inspiraba con insultos soeces o la amenaza de abandonar a la familia".

Alguno de estos episodios se vio interrumpido por la madre, que "prefirió cerrar los ojos a lo que estaba sucediendo". El procesado obtuvo el silencio de su hija con amenazas como "la de cortarle la lengua", añade la sentencia.

Denuncia en 2005

La situación culminó a medianoche del 18 de julio de 2005, cuando F. G. S. regresó a casa borracho y se encontró a su familia viendo la televisión. Mandó a sus hijos a acostarse y ordenó a su esposa e hija que se metieran en la cama con él. Después, expulsó a su esposa y comenzó a realizar tocamientos a la niña, que se resistió, por lo que la golpeó repetidamente en la cara.

Al oír los gritos de su hija, la esposaentró de nuevo en el dormitorio y el acusado la arrastró hacia la ventana "con la expresa amenaza de arrojarla por ella", momento en el que la niña aprovechó para escapar y refugiarse en casa de unos vecinos.

La sentencia rechaza la retractación "espectacular" de la madre, que en el juicio redujo lo sucedido a que la niña "se entrometió en una discusión conyugal" y asegura que "la impresión que produjo en el ánimo del tribunal su declaración tensa, vacilante y asustada no pudo ser más patética".

Alta credibilidad

La condena se basa en la "alta credibilidad" de la víctima y la "exacta correspondencia" entre los hechos narrados y las lesiones que presentaba cuando fue atendida por el médico tras la denuncia de la Policía del 18 de julio de 2005.

El matrimonio atribuyó la denuncia a que se habían opuesto a que su hija se viera con un primo de más edad, pero los jueces destacan que en sus primeras declaraciones nunca hicieron alusión a tal disculpa y que este caso se inició "de forma circunstancial" cuando el vecino al que pidió ayuda la niña llamó a la Policía.

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