Las mediciones desautorizan la alarma
El profesor de la UCA y oficial radioelectrónico de la marina mercante, Carlos Mascareñas. JOSÉ GARCÍA JOSÉ GARCÍA

Las antenas de telefonía móvil no emiten a más de dos o tres voltios por metro, muy por debajo de los 28 voltios que produce la luz, y que es el máximo permitido.

El peligro comienza cuando la emisión es cincuenta veces el valor límite de los 28 voltios por metro

Así de claro lo tiene Carlos Mascareñas, doctor en radioelectrónica, oficial de primera clase por la misma especialidad en la marina mercante, y director del grupo de investigación de la Universidad de Cádiz sobre señales, sistemas y comunicaciones navales.

Mascareñas empleó la mayor parte de las ayudas a la investigación obtenidas en comprar los instrumentos que le permitieran indagar y medir si había un nivel de exposición a radiaciones electromagnéticas en buques mercantes y zonas portuarias que explicara la alta prevalencia del cáncer entre los oficiales radioelectrónicos.

La conclusión de la investigación es que no, porque los niveles de emisión y exposición están muy por debajo de lo que resultaría peligroso, que es cincuenta veces el valor límite de los 28 voltios antes señalados.

Sin embargo, prosigue Mascareñas, la radiación del terminal de telefonía móvil al vibrar, es de 70 voltios, casi el triple del valor límite de los 28. Y, como apunta el experto, está completamente pegado a la oreja, por lo que la exposición es máxima.

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