Cabezas de frente y perfil, 1945
Maruja Mallo. Cabezas de frente y perfil, 1945. Galería Guillermo de Osma. MARUJA MALLO

La vida de Maruja Mallo (Vivero, 1902 – Madrid, 1995) fue cualquier cosa menos aburrida. Llegó a Madrid a principios de los años 20 desde su Galicia natal y aquí se relacionó con otros jóvenes artistas como Salvador Dalí y personalidades como Altolaguirre, Alberti (con el que mantuvo una relación amorosa), María Zambrano, Neruda y Ortega y Gasset, quien le organizó una exposición en la Revista de Occidente en 1928.

En 1932 expuso en la Galerie Pierre de París y allí el mismísimo André Breton quedaría prendado de sus cuadros, llevándose uno a casa. El estallido de la guerra civil española supondría para ella el exilio a Buenos Aires, ciudad en la que permanecería hasta la década de los 60.

A pesar de esta ajetreada vida, de puertas para adentro Mallo fue una artista perfeccionista e investigadora que trabajaba con un rigor impresionante. Y de este aspecto trata, precisamente, la última exposición que le dedica la galería Guillermo de Osma en Madrid, Maruja Mallo. Creación y orden, tras las realizadas en 1992 y 2002.

Vinculada al surrealismo, su obra fue menos prolífica que la de otros compañeros, algo que se debió en gran parte a este perfeccionismo técnico. "Hay dos vertientes: la imagen y lo que permite que la imagen se pueda hacer con la calidad diez. Porque es una pintora diez", declara Guillermo de Osma, director de la galería, que compara el trabajo de Maruja con el de grandes como Frida Kahlo, Georgia O'Keeffe o Tamara Lempicka (de hecho, la cantante Madonna, fan confesa de Lempicka, tiene también algún Mallo en su poder).

Trabajos inéditos

"Ella pintaba dos o tres cuadros al año porque preparaba mucho sus obras", señala de Osma y por eso esta antología, se centra básicamente en los bocetos inéditos y los dibujos con los que preparaba sus obras. Se exhiben trabajos emblemáticos como Estampa cinemática, Escaparate, Mensaje del mar, Racimo de uvas o los inéditos Estampa y Máscaras en diagonal, en paradero desconocido hasta ahora. Pero una de las grandes aportaciones es un importante conjunto de bocetos al óleo relacionados con sus cabezas y sus máscaras, prácticamente desconocidos hasta ahora y que nos permiten conocer de una manera más profunda cómo era su proceso creativo. A estos hay que añadir los casi 300 dibujos en los que se aprecia la base teórica y plástica de su pintura.

Además, la galería ha editado un catálogo de 80 páginas que quiere aportar una nueva visión de la artista al centrarse en el epistolario. De esta manera por primera vez se publicará su correspondencia con Jorge Oteiza, al que conoció en Buenos Aires en 1948; una carta a Gabriela Mistral y otra dirigida a Luisa Sofovich (mujer de Ramón Gómez de la Serna) escrita en 1966 ya de regreso en Madrid. También se reproducen varios fragmentos de sus cuadernos inéditos donde indaga sobre cuestiones filosóficas, artísticas o sencisamente apunta recuerdos.