Refugiados rohinyá en Bangladés
Una mujer carga con su hijo y sus pertenencias en un campamento de refugiados de la etnia rohinyá en Ukhiya (Bangladés). EFE

El secretario general de la ONU, António Guterres, calificó este jueves de "pesadilla humanitaria y de derechos humanos" la situación en el estado birmano de Rakáin y exigió el cese inmediato de la violencia.

Guterres volvió a llamar a las autoridades a detener las operaciones militares, a permitir la entrada de ayuda humanitaria y a facilitar un retorno seguro para los refugiados que han huido a la vecina Bangladés.

Aseguró que Naciones Unidas ha recibido testimonios que apuntan a "un uso excesivo de la violencia y a serias violaciones de los derechos humanos", con tiroteos indiscriminados, el uso de minas antipersona contra civiles y violencia sexual. "Esto es inaceptable y debe terminarse inmediatamente", dijo Guterres en un discurso ante el Consejo de Seguridad.

El diplomático portugués exigió al Gobierno birmano respeto a sus obligaciones humanitarias y garantías para la seguridad de todas las comunidades.

Afirmó que, pese a que las autoridades aseguran que las operaciones armadas terminaron el 5 de septiembre, el desplazamiento masivo de población continúa. "Al menos 500.000 civiles han huido de sus casas y buscado refugio en Bangladés", dijo Guterres, asegurando que se estima que el 94% de los desplazados son miembros de la minoría musulmana rohinyá.

"Parece haber un muy preocupante patrón en la violencia y el consiguiente gran movimiento de un grupo étnico de sus casas", añadió.

Trabas del Gobierno birmano

Guterres insistió en la necesidad de hacer llegar asistencia a los afectados y criticó las trabas del Gobierno. "Dadas las enormes necesidades, esta postura es muy lamentable. Debe permitirse a la ONU llegar a las áreas afectadas sin retraso", recalcó.

Asimismo, demandó que se permita el regreso seguro de los refugiados a sus hogares y que se ofrezca una solución de fondo a la situación de los rohinyás.

Las autoridades birmanas no reconocen la ciudadanía a este grupo, ya que les considera inmigrantes bengalíes, y les impone múltiples restricciones, incluida la privación de movimientos.

"No deberíamos sorprendernos si décadas de discriminación y dobles raseros en el trato a los rohinyás crean posibilidades de radicalización", advirtió Guterres.