Refugiados rohinyás
Una familia rohinyá tras llegar a la playa de Shah Porir Dwip, en Bangladés. José Luis Paniagua / EFE

Más de 600.000 niños rohinyá podrían estar como refugiados en Bangladés antes de que acabe el año si no se pone fin a la persecución que sufre su comunidad en Birmania, ha advertido la ONG Save the Children, que teme también casos de muerte entre los refugiados si no aumenta la ayuda y se cubren sus "necesidades básicas".

Unos 400.000 refugiados rohinyá han cruzado a Bangladés para escapar de la represión ejercida por las fuerzas birmanas solo en las últimas semanas, a raíz de un ataque perpetrado por un grupo insurgente el 25 de agosto. Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), al menos 230.000 son menores de 18 años.

Este último éxodo evidencia el empeoramiento de una situación que ya ha elevado a 750.000 el número de rohinyá que han buscado refugio en territorio bangladesí. Save the Children ha apuntado en un comunicado que esta cifra podría superar el millón antes de que acabe el año, de los cuales más de 600.000 serían menores de edad.

La ONG ha alertado de la situación de más de 1.100 menores no acompañados: algunos separados de sus familias en la huída y otros huérfanos por la muerte de sus padres por la violencia en el estado de Rajine. El responsable de Save The Children en Bangladés, Mark Pierce, ha expresado su "preocupación" por un colectivo "especialmente vulnerable" a los abusos.

Asimismo, ha recordado que muchos de estos niños "han visto violencia y muerte" antes y durante su huída. "Algunos han sido tiroteados, otros han visto sus casas arder. Algunos han visto cómo morían sus padres", ha añadido Pierce, que ha instado a incluir también dentro de la respuesta humanitaria la atención psicológica a estos menores.

Redoble de esfuerzos

Pierce ha pedido que se reconozca los "esfuerzos" del país de acogida, habida cuenta de que el flujo de llegadas a la región de Cox's Bazar "no tiene precedentes". En este sentido, ha aplaudido la capacidad de acogida de las comunidades locales y ha instado a la comunidad internacional a seguir esta estela, con un "rápido" aumento de la ayuda.

"Muchas personas llegan hambrientas, cansadas y sin comida ni agua, después de haber huido de sus casas por miedo a perder la vida. Me preocupa especialmente que no se cubra la demanda de comida, refugio, agua e higiene (...). Si las familias no pueden cubrir sus necesidades básicas, el sufrimiento empeorará y podría morir gente", ha advertido.