La mayoría de las familias inmigrantes afincadas en Catalunya procedentes de países en los que se practica la ablación del clítoris mantienen la tradición con sus hijas. Las asociaciones que trabajan con las madres intentan erradicar la práctica. Esa costumbre es machista y no tiene raíces religiosas.

Benin , Burkina Faso, Eritrea o Tanzania son algunos de los países en los que se mutila. En Catalunya había 4.188 mujeres censadas procedentes de esos países en 2001. Cinco años más tarde había 22.934 nacionales de Gambia o Senegal. La mayoría viven en el Maresme y el Gironès.

Las mismas madres perpetúan la ablación. Fatou Secka, vicepresidenta de Equis-MGF (entidad contra la ablación) subrayó ayer que la práctica se mantiene para que la hija no sea rechazada (si no se somete a la mutilación son estigmatizadas). Aprovechan para practicarla cuando vuelven a su país de vacaciones.

Peligrosidad

Varias entidades trabajan con las madres para que asuman que es una práctica peligrosa. Remei Sipi (de la asociación E'Waiso Ipola) dice que las edades para mutilar se han ampliado, porque la práctica se persigue cada vez más: «Desde los pocos meses hasta los 9 o 10 años», indicó.