En Canciones de Amor en Lolita's Club, Eduardo Noriega, a las órdenes de Vicente Aranda, interpreta él solo a dos personajes muy distintos. Uno es Valentín, un deficiente psíquico, tierno y dulce; el otro es su hermano gemelo, un policía violento y problemático que no se soporta ni a sí mismo. La película, basada en la novela de Juan Marsé, con guión del propio Vicente Aranda, se desarrolla en el mundo de la prostitución y la droga.

Accesible, natural y dispuesto a explorar lo mejor de si mismo, como ha hecho en su interpretación de Valentín, sólo se pone tenso cuando le hablan de la polémica sobre su trasero y al ser preguntado por su vida privada.

¿Con cuál de los dos personajes se siente más cercano?

Me siento más cercano al personaje del disminuido psíquico, Valentín. Está más cerca de mí, de mi ingenuidad y de mi vulnerabilidad que su hermano Raúl, un disminuido emocional autodestructivo, incapaz de crear, de querer y sentirse querido. Primero abordé el personaje del canalla, y después me metí de lleno en Valentín. Cuando entré en el lugar donde comíamos con el restos de mis compañeros, caracterizado como él, ni siquiera me reconocieron.

¿Quién le atraía más de niño, Caín o Abel?

De pequeño siempre me quedaba Caín, porque estaba más cerca de la serpiente. Creo que el villano siempre tiene algo más jugoso. En realidad lo que yo quiero hacer es Caínes y Abeles. Ésa es mi intención, creo que hacer sólo de villano es muy aburrido. Como también lo sería hacer papeles sólo de bueno. Y además, con el malo, con el villano, hay una relación de atracción por el personaje, porque representa lo prohibido, lo oscuro, esa puerta abierta que no podemos abrir y que es tentadora. Por lo menos, es divertido jugar a que yo podría ser un villano. Siempre resultan muy atractivos los malos del cine.

Para documentarse sobre los personajes podía elegir entre los puticlubs y la convivencia con los deficientes. ¿Dónde ha pasado más tiempo?

Por la noche iba a los puticlubs con Vicente Aranda y por el día acudía a un centro especial de trabajo, el centro Juan Carlos Martín en Vallecas, donde ayudan a los discapacitados intelectuales. Y me parece algo maravilloso, fundamental e imprescindible. Ojalá podamos concienciar un poco a la sociedad y a las empresas para ayudarles a incorporarse a la vida laboral y normalizar un poco su vida.

Para familiarizarse con su personaje acudió a un centro especial de trabajo de discapacitados en Vallecas

¿Le ha resultado difícil abordar de una forma digna el personaje, sin incitar a la risa?

Desde luego que es un personaje digno pero yo quería acercarme a él con la mayor generosidad posible sin caer en la exageración ni en el arquetipo, y con la mayor honestidad posible. Yo he aprendido mucho de esta gente y de su capacidad de superación y de esfuerzo, y quería que eso estuviera ahí. He tenido mucha ayuda para construir el personaje y salió de forma natural. No se forzó nada, estaba en algún lugar dentro de mí.

¿Qué tal con su pareja en la película, la actriz colombiana Flora Martínez?

Muy bien, además de ser una actriz que da perfecta para el papel, es una actriz muy trabajadora y muy concienzuda y estuvimos muy cerca uno del otro constantemente. Hemos trabajado muy a gusto.

¿Tiene a alguien que le haga los recados, como hace Flora con su querido Valentín?
Hago yo la compra y los recados si te refieres a eso. Y con mi moto voy a todos lados.

Para ser más explícita, ¿tiene novia?
Tengo pareja, pero no me parece relevante hablar de ello.

Hay quien opina que le falta llegar a los 40 para ser todo un sex-symbol internacional, como lo fuera Marlon Brando. ¿Tiene ganas de cumplirlos? (Actualmente tiene 33).
Yo espero ser mejor, por lo menos. Creo que vivir tiene que tener algún sentido. Y como yo no le encuentro ningún sentido a esta vida, qué menos que crecer y evolucionar y ser cada día mejor. No sólo profesionalmente sino a nivel personal. Eso es a lo que aspiro. ¿Más atractivo o menos atractivo? Eso es otro tema. Si soy mejor, seguramente resultaré más interesante.

No se cuál es la solución para el problema etarra. Yo he nacido con ETA y a este paso me voy a morir y el problema va a seguir ahí.

En Lobo se trataba el tema de ETA Y en esta película también. ¿Cómo ve la situación del País Vasco?

En Lobo estaba completamente metido en este tema porque interpretaba a un infiltrado y porque teníamos la ventaja de hablar de los últimos años de la dictadura de Franco, con lo cual esa distancia permitía hablar sobre aquello sin que provocara una reacción negativa. Y en este caso se trata de un trasfondo tan sólo tangencial. No es fundamental en la trama. ¿Mi opinión sobre el problema etarra? Me parece algo que está demasiado enraizado, desgraciadamente. El odio, por la experiencia de lo que he vivido en el País Vasco, se hereda de generación en generación y es muy difícil acabar con él. Me parece algo completamente atemporal, fuera de lugar. No se puede pretender imponer ninguna idea a través de la violencia, pero menos establecer las normas de comportamiento de una sociedad de un país a través de la violencia. Es absurdo, está completamente desfasado y no se cuál es la solución. Porque yo he nacido con ETA, y a este paso me voy a morir y ETA va a seguir ahí.

Después de la polémica sobre su trasero en el anuncio de la tónica ahora se desnudas por completo de forma frontal. ¿Qué va a pasar?

Ten en cuenta que una cosa es hacer cine y otra es hacer televisión. La televisión tiene una repercusión desmesurada, desproporcionada. Lo que es superficial o irrelevante, la televisión se encarga de subrayarlo una y otra vez. Desgraciadamente se creó un debate sobre si el culo era o no era mío. Me parece todo absurdo. No es la primera vez que mi cuerpo aparece en un trabajo o en una película. No le doy más importancia de la que tiene porque no tiene ninguna y, efectivamente, en esta película salgo desnudo por delante y por detrás, pero no tiene la misma repercusión porque es cine. No lo verá la misma cantidad de gente y supongo que no existirá un debate sobre si el pito es mío o no es mío. Si alguien tiene un interés desmesurado en saberlo, se lo enseño. No tiene ninguna importancia, lo tomo con humor y con paciencia.

Últimamente está intensificando su trabajo en el extranjero. ¿Dispuesto a trasladarse a Hollywood?
He tenido suerte. Uno no elige los proyectos por la procedencia de la producción, pero es muy apetecible poder trabajar con el presupuesto estadounidense y de Hollywood. Pero no es un fin tampoco. Ojalá pueda hacer una película en España y luego otra fuera. En Francia, en Latinoamérica en Estados Unidos o en cualquier lugar.

Está estudiando catalán para rodar una película con el director Marc Recha

Va a rodar una película en catalán. ¿Le asusta el idioma?
Estudié catalán en Barcelona porque estaba trabajando con Marc Recha y me tengo que poner las pilas ya que en Madrid no lo hablo nunca. Se me dan bien los idiomas porque tengo mucha curiosidad. Cuando no lo dominas, es un inconveniente a la hora de actuar. Estás un poco maniatado porque no puedes improvisar, y hay que machacar, machacar mucho, para que el idioma no suponga ninguna traba y sientas que estás actuando a través de tu personaje.

¿Le hubiera gustado ser hombre Schweppes como Adrien Brody?
Eso dependerá de los de Schweppes. Ellos estarán muy contentos con la repercusión y la rentabilidad que tuvo. Tienen que estar muy satisfechos.