El 17% de los menores que cumplen medidas judiciales en centros de la Comunidad de Madrid pertenecen y/o han pertenecido a bandas juveniles de carácter violento.

Así lo afirmó hoy el consejero de Justicia, Alfredo Prada, tras destacar que ingresan en estas bandas a partir de
los siete años e inician su carrera criminal cuando llegan a los doce.

El consejero ofreció estos datos al inaugurar las jornadas monográficas "Las bandas: agrupaciones juveniles de carácter violento", donde defendió que no podemos ponernos una venda ante la realidad de las bandas latinas "ni equiparar inmigración a delincuencia" porque es "injusto".

Los menores cada vez entran con menos edad en el mundo del delito.
Sobre la temprana edad del ingreso en las bandas, observó que se conjuga con los datos que facilita periódicamente la Fiscalía y que señalan que, en general, cada vez entran con menos edad en el mundo del delito. Las pandillas juveniles de carácter violento más conocidas como "Maras" nacieron en Centroamérica y son agrupaciones de jóvenes de ambos sexos, de entre 5 y 35 años, que se unen con la finalidad de controlar un barrio o un territorio.

Esta definición fue ofrecida por el investigador de la Guardia Civil de agrupaciones juveniles de carácter violento, Pedro Gallego Martínez, quien destacó que algunos investigadores defienden la tesis de que las "Maras" son como sectas de carácter destructivo.

Explicó que estas bandas se diferencian de las pandillas de tipo tradicional porque tienen vínculos con el crimen organizado, cometen delitos mayores, como homicidios o violaciones, están en estado permanente de guerra con otras pandillas rivales, hay una obediencia ciega hacia el líder y la salida no autorizada de la banda se paga con la muerte.

Se dan además una serie de elementos que favorecen el crecimiento y expansión de estos grupos como son la pobreza, desintegración familiar, desempleo, falta de oportunidades y bajo nivel de estudios, y algunas, incluso, realizan ritos satánicos.

Todas tienen una estructura jerárquica que encabeza el "Mero" o "Big palabra" y utilizan varios métodos que les permiten optimizar el secreto de sus comunicaciones, utilizando un sistema de cifrados y códigos, principalmente en el interior de las cárceles.