"Para llegar a ser verdaderamente inmortal, una obra de arte debe escapar a todos los límites humanos: la lógica y el sentido común solo interfieren". Sabía de lo que hablaba Giorgio de Chirico (Volos, Grecia, 1888-Roma, 1978) cuando pronunció esta frase que definía unas creaciones a años luz de todo convencionalismo. Sus reflexiones sobre el inconsciente y las manifestaciones del sueño, su particular punto de vista sobre la realidad, dieron lugar al llamado arte metafísico a principios del siglo XX, que se convirtió en la principal influencia del surrealismo y referencia para el pop-art o el arte conceptual.

Ahora, diez años después de la última exposición sobre su obra en nuestro país, llega a CaixaForum Barcelona El mundo de Giorgio de Chirico. Sueño o realidad, una amplia retrospectiva que pretende ofrecernos las claves esenciales para entender su arte y también su mente (ya que ambas van íntimamente ligadas).

Organizada con la colaboración de la Fondazione Giorgio e Isa de Chirico de Roma, la exposición hace un recorrido por todas las fases creativas del artista, abre una ventana a su mundo metafísico e imaginario para que entendamos por qué fue tan influyente para generaciones de artistas posteriores y explica la necesidad de Chirico de sumar técnica y estilo para obtener un resultado estético satisfactorio. Más allá de los lienzos y los pinceles, el artista meditó sobre la realidad y las inquietudes del tiempo que le tocó vivir a través de las lecturas de filósofos como Nietzsche y Schopenhauer, cuya influencia es enorme en gran parte de su trabajo.

Podrán verse obras extraordinarias de todos sus periodos como Plaza de Italia con fuente o El contemplador

La muestra reúne un total de 142 obras realizadas entre 1913 y 1976, procedentes en su mayoría de la Fondazione Giorgo e Isa de Chirico, que se completan con préstamos de más de una veintena de museos y colecciones privadas. Destaca, entre ellos, la decena de pinturas que ha aportado la Galleria Nazionale d'Arte Moderna de Roma. Como indicó Paolo Picozza, presidente de la fundación, durante la presentación, se podrán ver "obras extraordinarias de todos sus periodos", desde el Retrato de la señora L.Gartzen (1913) a Plaza de Italia con fuente (1968), El contemplador (1976) o Visión metafísica de Nueva York (1975).

Otro de los grandes tesoros que podrán contemplar los visitantes son las escasísimas esculturas de Chirico. Realizadas a partir de 1940 en terracota y durante los años 1968-1970 en bronce tuvieron unas tiradas muy limitadas. La exposición se completa también con una serie de acuarelas, dibujos y litografías que van desde el período metafísico hasta las últimas creaciones gráficas de la neometafísica.

Exposición dividida en seis capítulos

La psicología y la ironía fueron características intrínsecas de todos sus retratos

Las comisarias Mariastella Margozzi y Katherine Robinson han optado por una exposición cronológica, dividida en seis capítulos. En Retratos y autorretratos, género que practicó a lo largo de toda su carrera, descubriremos porque la psicología y la ironía fueron características intrínsecas de éstos que nunca fueron representaciones sin más, si no que captaban las emociones más íntimas. Se incluyen en este apartado los retratos de ambiente de sus amadas ciudades Roma y Venecia.

Interiores metafísicos está integrada por sus obras ligadas a su estancia en la ciudad de Ferrara, donde cumplió el servicio militar y donde descubrió la arquitectura del Renacimiento, al lado de una ciudad industrial. Los interiores metafísicos son composiciones en las que una perspectiva acelerada implica los elementos arquitectónicos de una estancia, en cuyo centro hay un conjunto de instrumentos de dibujo y otros objetos incoherentes. Recursos como la abertura de una ventana o el cuadro dentro del cuadro presentan escenarios con paisajes arqueológicos y naturales, fábricas y plazas.

Por su parte, Plaza de Italia y maniquies, el tema más famoso del arte metafísico, se incluyen los lienzos que empezó a desarrollar en París, centrados en las plazas italianas, aunque "vacías y eternas", con unas figuras de largas sombras. La figura del maniquí es, asimismo, protagonista, un ser con una cabeza ovoide y lisa, con un cuerpo hecho de elementos geométricos y cartabones de dibujo, que se aguantan gracias a una estructura de tablones.

Vi a un señor que caminaba delante de mí, cuyas piernas se reflejaban en el suelo. Tuve la impresión de que podría sumergirse en él, como si fuese una piscinaEn el capítulo Baños misteriosos se exhiben las obras nacidas a partir de 1934, como las diez litografías que realizó para el libro Mythologie, de Jean Cocteau, así como los lienzos en los que el agua aparece como una "trama densa de líneas dispuestas en zigzag".

Chirico explicaría el origen de estos curiosos cuadros así: "La idea de los baños misteriosos se me ocurrió una vez que estaba en una casa en la que habían encerado mucho el suelo. Vi a un señor que caminaba delante de mí, cuyas piernas se reflejaban en el suelo. Tuve la impresión de que podría sumergirse en él, como si fuese una piscina, y que allí podría moverse e incluso nadar. Y entonces me imaginé piscinas extrañas con hombres inmersos en aquella especie de agua-parquet, hombres callados, que se movían y a veces se detenían para hablar con otros hombres que permanecían de pie fuera de la piscina-suelo".

El recorrido concluye con Historia y naturaleza y Mundo clásico y gladiadores, con unas piezas en las que se constata el viaje de Giorgio de Chirico al Clasicismo, el Renacimiento y el Barroco, sin olvidar nunca la tensión "entre realidad, ficción y teatro". Tras su paso por Barcelona, la exposición se verá en Madrid, Zaragoza y Palma de Mallorca.