Este viernes arranca en Hamburgo la cumbre del G-20, que reúne a los líderes de las principales potencias políticas y econonómicas del mundo, y la víspera ha estado marcada por movilizaciones radicales que desataron disturbios entre manifestantes y policías en toda la ciudad.

Los agentes antidisturbios llegaron a emplear cañones de agua a presión para dispersar a un millar de encapuchados en el grueso de la marcha bautizada como Bienvenidos al infierno.

Los primeros incidentes ocurrieron poco después de arrancar la marcha, en la que participaban unos 12.000 manifestantes que llevaban concentrados en una popular plaza del barrio de St Pauli desde primera hora de la tarde, a la espera de iniciar su recorrido e intentar llegar a 300 metros del centro de congresos donde se celebrará la cumbre.

Se produjeron entonces los primeros lanzamientos de objetos contra los antidisturbios, que actuaron para deslindar a los grupos de violentos del resto de los manifestantes, en su mayoría pacíficos.

La policía informó a continuación de la quema de un automóvil y de la agresión sufrida por su portavoz, Timo Zill, cuando realizaba unas declaraciones a un medio, pero poco después comenzaron los incidentes más graves, con ataques a los agentes, barricadas y la rotura de escaparates y mobiliario urbano.

Unos 111 agentes de la policía resultaron heridos y 44 personas han sido detenidas.

"Tienen secuestrados los derechos"

En un radio de 43 kilómetros cuadrados de casco urbano, entre el centro de congresos y los lugares donde se alojan las 36 delegaciones asistentes a la cumbre, además de las rutas previstas para sus desplazamientos, impera el veto a toda manifestación y solo se permite el acceso a los vecinos acreditados como tales.

"Tienen secuestrados los derechos ciudadanos por un grupo que no representa a nadie, más que al capital", expresó un miembro de los grupos de activistas.

Andreas Blechschmidt, miembro del colectivo Rote Flora, una casa ocupada desde hace una década, en el corazón de Hamburgo, epicentro de la protesta de los antisistema, reconoció que "lo que queremos es impedir que el G-20 se celebre, no nos contentamos solo con protestar".

No nos conformamos solo con protestar

Hasta 8.000 manifestantes dispuestos a la violencia estimaban los servicios de seguridad alemanes que podían desplazarse a Hamburgo con motivo de la cumbre de los poderosos y emergentes, con Angela Merkel como anfitriona y el estadounidense Donald Trump y el ruso Vladímir Putin entre sus asistentes.

Más de 19.000 agentes forman el dispositivo policial desplegado en esta ciudad hanseática alemana con el objetivo de proteger la cumbre, sea de ataques terrorista o de alborotadores.

La crítica al G-20 "es bienvenida" y el derecho a la libertad de expresión está garantizado, había advertido reiteradamente el ministro del Interior, Thomas de Maizière, respecto a la veintena de actos de protesta de diversa índole convocados contra la cumbre.