Mascarell, delegado de Cataluña en Madrid: "A España le conviene que logremos la independencia"

  • Ferran Mascarell, ex conseller en los gobiernos de Pasqual Maragall (PSC) y Artur Mas (CiU), es el actual Delegado de la Generalitat en Madrid, una suerte de 'embajador' de Cataluña.
  • Acaba de publicar el libro Dos Estados en el que sostiene que serían "incomparablemente mejores que el estado heroico, ineficiente y de baja calidad democrática que hoy tenemos".
  • Defiende un referéndum vinculante pactado con el Estado en el que "sólo deberían votar los ciudadanos catalanes, que son quienes no se sienten cómodos en España".
El delegado de la Generalitat de Catalunya en Madrid, Ferran Mascarell, posa con su libro 'Dos Estados', en el que defiende la conveniencia para España de la independencia de Cataluña.
El delegado de la Generalitat de Catalunya en Madrid,  Ferran Mascarell, posa con su libro 'Dos Estados', en el que defiende la conveniencia para España de la independencia de Cataluña.
JESÚS GONZÁLEZ/CEDIDA POR LA GENERALITAT DE CATALUNYA

Ferran Mascarell, nacido en 1951 en Barcelona, es un histórico político que estuvo afiliado al PSC durante varias décadas, partido en el que defendía tesis socialdemócratas, catalanistas y federalistas, y que ha derivado hacia una defensa de la independencia de Cataluña. Fue concejal de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona bajo gobierno socialista, y posteriormente conseller de Cultura con Pasqual Maragall, en 2006. En el año 2010, el nuevo presidente catalán, Artur Mas (CiU), le ofreció continuar de conseller de Cultura, momento en el que abandonó el PSC. Acaba de publicar el libro Dos Estados (editorial Arpa), que será presentado por el actual presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, el próximo 3 de julio en la Casa del Libro (Rambla de Cataluña nº 37 de Barcelona). En él defiende la conveniencia para España de la secesión catalana. El libro se publica en un momento de máxima tensión entre los Gobiernos de España y de Cataluña tras el anuncio de Puigdemont de convocar un referéndum el próximo 1 de Octubre bajo la pregunta: "¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?", que podría ser declarado ilegal por la justicia.

¿Por qué le conviene a España, como sostiene usted, que Cataluña se convierta en un Estado independiente?

España tiene un potencial enorme para fortalecerse, y crecer democráticamente, si permite que Cataluña decida libremente su futuro y se independice. Y Cataluña también lo tiene si deja de estar permanentemente discutiendo con España sobre su configuración política. Ambos Estados tendrían un margen de crecimiento espectacular. Además, debería haber cooperación mutua. España y Cataluña tienen muchas cosas en común y muchos intereses que compartir, pertenecemos a una misma región económica en relación a todo lo que tiene que ver con el desarrollo energético, de comunicaciones, de desarrollo cultural. Hay muchas cosas que compartir y no deberíamos estar perdiendo el tiempo peleándonos sobre lo que somos o queremos ser.

En el libro asegura que en Madrid nota que se toma mucho más en serio el proceso catalán en las embajadas que entre los representantes del Estado y de la prensa española. ¿Cree que en Madrid no se toma en serio el proceso catalán?

Noto eso de un modo muy contundente. En el panorama internacional hay mucho interés sobre lo que sucede en Cataluña. También hay una notable perplejidad sobre las actitudes nada reformistas del Estado. Hay un problema político que tienen que afrontar porque el problema se va multiplicando. Responde a una lógica de Estado, y hablo de Estado y no de España, poco inclusiva, más bien excluyente. Es un Estado que es incapaz de representar a los catalanes.

No obstante, no parece que Puigdemont haya logrado mucho éxito a nivel de reconocimiento internacional, más bien lo contrario. Países como Estados Unidos, Alemania o Francia se han manifestado en reiteradas ocasiones a favor de una España unida.

Se lo voy a decir para ser diplomáticamente preciso, el mundo diplomático dice lo que toca decir. Son las formas habituales en los códigos diplomáticos. Otra cosa distinta es lo que se piensa y lo que se percibe realmente.

¿A qué atribuye el auge del independentismo en Cataluña en la última década?

Se ha debido a varios factores. Uno es un factor histórico, hay una desconfianza histórica del pueblo catalán hacia el Estado español. Otro factor se ha debido a la desconsideración de determinados partidos políticos españoles hacia el Estatuto de 2006, que fue aprobado en el Parlament de Catalunya, en las Cortes Españolas, aprobado en referéndum y ratificado por el Rey. Cuatro años después fue cercenado y desmontado por el Tribunal Constitucional, diría incluso que manipulado. El tercer factor ha sido la percepción de que, con la crisis económica, el Estado que tenemos no nos funciona. Hemos visto un Estado español que actúa de manera deficiente e insuficiente. El libro avala que el Estado no funciona bien basándose en la opinión de doce autores españoles, con una visión centralista, que lo admiten. Y una cuarta razón sería la incapacidad actual del Estado de entender y afrontar la revuelta que se ha producido en Cataluña a raíz de estos tres factores anteriores.

¿Descarta puntos de encuentro con el Estado español? Tal vez basados en una reforma constitucional hacia un Estado federal o plurinacional, con un nuevo sistema de financiación autonómica. ¿Es inevitable el choque?

El Estatuto del año 2006 pretendía cuatro cosas: el reconocimiento de Cataluña como nación, el reconocimiento del catalán como una lengua del Estado, un sistema de financiación autonómico justo y el reconocimiento de un sistema de competencias creíble y racional. De haberse aceptado eso, el Estado hubiera entrado en una fase reformista y federalizante. Estas eran las cuatro propuestas de hace diez años. El Estatuto se recortó, y desde entonces, ha habido una revuelta social muy importante a favor de la independencia en Cataluña y ahora, diez años después, se vuelve a hablar tímidamente en Madrid de la nación de naciones, de la nación cultural, de la nación sin soberanía, o incluso de rechazar todo eso que es lo que hace el Gobierno del PP. Son propuestas muy preliminares que hacen que los que nos hubiéramos sentido cómodos en un Estado federal ahora desconfiemos. La pregunta debería ser a la inversa: ¿tiene el Estado alguna propuesta para que una mayoría de catalanes muy decepcionados se sientan cómodos en España? La única propuesta que se nos hace es negarnos la posibilidad de votar.

¿Está usted a favor del referéndum unilateral que impulsa el President de la Generalitat, Carles Puigdemont?

Cataluña ha intentado y va a intentar hasta el último día de septiembre que el referéndum sea pactado. Lo deseó el gobierno anterior de Artur Mas y lo desea el gobierno de Puigdemont. Hay una voluntad evidente de que la consulta sea pactada, pero también hay voluntad de que los catalanes puedan expresarse libre y democráticamente. Donde las cartas deberían cambiarse es en la mesa del Estado que es donde está el problema. Es fácil hacer un referéndum pactado, pero se necesita voluntad política.

¿Cree que el Estado español permitirá el referéndum si los tribunales de justicia lo declaran ilegal?

Tienen que decidir dos cosas. Si lo permiten o si lo combaten, y también decidir qué hacer el día después. Lo que es evidente es que continuar diciendo que el problema no existe ya no sirve. Por tanto, es una responsabilidad del Estado español y de sus fuerzas políticas. Si quieren impedir que la sociedad catalana se exprese y el problema se enquiste será su responsabilidad.

¿Por qué en un referéndum que afecta a la unidad de España no deberían poder votar el conjunto de los ciudadanos españoles, no sólo los ciudadanos catalanes?

Imaginemos que votan todos los españoles y que el resultado final es que el 80% de los españoles votan a favor de que todo siga igual, e imaginemos que la mayoría de los catalanes votan por la independencia. ¿Dónde estaríamos? En el mismo sitio. Hay que entender que si una comunidad se entiende así misma como una nación que quiere expresarse libremente, ¿alguien puede creer que puede negar a la nación catalana su derecho a elegir su destino? Son los catalanes quienes tienen que decidir porque son los que tienen dudas, más que razonables, sobre su pertenencia al Estado español, que no es nuestro propietario.

Según los resultados de las elecciones autonómicas de 2015, hay una mayoría absoluta en el Parlament de grupos que defienden la independencia (Junts pel Sí y la CUP), pero en número de votos hubo una mayoría de catalanes, también muy ajustada, que apoyaron a partidos que no defienden la secesión (Ciudadanos, PSC, Catalunya Sí que es Pot –Podemos- y el PP). Estos partidos, cada uno con sus matices, defienden la permanencia de Cataluña en España y alertan de que un referéndum unilateral provocaría una fractura social en Cataluña, ¿está usted de acuerdo?

Tienen el derecho a defender lo que consideren. A nosotros no se nos reconoce nuestro derecho a defender la independencia. No aceptan nuestras razones.  Pero en lo que no estoy de acuerdo es en que haya una fractura social en Cataluña. El nivel de convivencia es igual o superior a la media europea. En Cataluña hay mucho respeto a la opinión contraria a la de cada uno. Somos una sociedad madura. No nos sentimos bien encajados en el Estado español y tenemos derecho a querer solucionarlo. Incluso diría más, los estados de Europa Occidental en general no están bien representados, los ciudadanos quieren cambios y más democracia.

¿Si Cataluña lograra la independencia saldría de la Unión Europea?

Cataluña es parte de Europa, es europeísta. No me imagino que Europa renunciara a 7,5 millones de personas que son contribuyentes natos de la propia realidad europea. Es otro de los mantras que se dicen desde el Estado español. El otro día el ministro Luis de Guindos dijo que perderíamos el 25% del PIB. Es otra falsedad, pero nadie se la cree porque somos adultos.

¿Los ciudadanos catalanes que no desean la independencia perderían su nacionalidad española?

La doble nacionalidad está inventada desde hace muchos años. No me imagino entre Cataluña y España ninguna frontera especial sino autopistas muy fluidas en el ámbito económico, cultural y político. Habría un pacto para que todo el mundo estuviera a gusto con su nacionalidad.

¿Considera que Cataluña estaría completa sin las islas Baleares, la Comunidad Valenciana, la franja de Aragón y el Rosellón francés?

En esto hay que ser muy precisos y considerados. Nadie puede hablar sobre los valencianos o los baleares salvo ellos. Me imagino la pervivencia de lazos históricos y culturales como ha habido siempre, pero respecto a la forma política la tendrán que decidir los valencianos y los baleares.  Lo que decidan me parecerá estupendo. Son nuestros hermanos. Mi abuelo era de Gandia, tengo mucha familia en Valencia, pero deben decidir ellos su relación con España o con Cataluña.

¿Los castellano-manchegos, andaluces o madrileños también son hermanos de los catalanes?

Formamos parte de la misma realidad. Para mí son tan estimables los ciudadanos de cualquier lugar de España como los ciudadanos de mi país, Cataluña. Esto no tiene nada que ver con estimas étnicas. Quien busca este tipo de razonamientos busca en un lugar equivocado. Lo que hay entre Cataluña y España es un desacuerdo político y de reconocimiento que hay que solucionar democráticamente.

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