El Museo de Arte Contemporáneo de Chicago MCA anda de celebraciones. Este 2017 cumple, nada más y nada menos, que medio siglo de vida y ha tenido a bien festejarlo con una retrospectiva de un coetáneo tan subversivo como polémico. Hablamos de Takashi Murakami (Tokio, 1962), un artista fuera de todo convencionalismo cuya seña de identidad principal ha sido hacer, básicamente, lo que le da dado la gana huyendo del tan corriente elitismo que rodea el mundo del arte.

Pero, ¿qué hace a Murakami tan radical? Principalmente su simbiosis de estilos. Él fue uno de los primeros en poner patas arriba al mundillo del arte de su país cuando en la década de los ochenta decide sublevarse y fusionar lo moderno con lo tradicional. Sus obras respiraban tanto de la influencia de la pintura zen o de la iconografía budista como del manga y el anime. Y eso, por supuesto, dio mucho que hablar. Primer sacrilegio.

Para rizar el rizo, no tuvo reparos en manifestar desde un principio que para él el arte iba de la mano con los negocios. A lo largo de su carrera más de uno a llegado a definirle como 'el Andy Warhol japonés' por la cualidad innata de ambos para lo comercial. Sea una buena comparación o no, lo que está claro es que Murakami siempre ha defendido que el arte es para todos y no solo para las élites. Segundo sacrilegio.

¿Pintor o diseñador de bolsos?

En su empresa KaiKai Kiki Co. fabrica sus propios productos de merchandising

A esto hay que sumar su versatilidad y su capacidad para sentirse cómodo ya sea pintando un cuadro, dando forma a una de sus coloristas esculturas, realizando un diseño para un bolso de Louis Vuitton por encargo de Marc Jacobs o una portada de disco y videoclip para el nuevo trabajo del rapero y productor musical Kanye West. Por tener, el japonés tiene hasta su propia empressa KaiKai Kiki Co., Ltd en la que fabrica sus propios productos de merchandising y produce películas de animación. Tercer sacrilegio.

Pero volvamos a la retrospectiva. Esa que Madeleine Grynsztejn, directora del MCA definió en su presentación como "absolutamente espectacular". El museo nos invita a un recorrido por medio centenar de pinturas que abarcan sus tres décadas de trayectoria, desde sus primeras obras hasta sus recientes y monumentales pinturas a escala. Muchos de estos trabajos no se habían expuesto todavía ante el público estadounidense.

El pulpo que se comió a si mismo

Se resignó a no ser plato de primera para la crítica para ganarse el aprecio del gran público

El título de la exposición es sumamente revelador: Takashi Murakami: The Octopus Eats His Own Leg, traducción de un dicho japonés que hace referencia a alguien que sobrevive a una situación límite sacrificando una parte de si mismo. Quizás en clara alusión a la situación del propio artista, que se ha resignado a no ser plato de primera para la crítica más ortodoxa para ganarse el aprecio del gran público. Así lo manifestó también el día de la presentación a medios donde apareció con un singular tocado en forma de pulpo: "la manera en que percibimos y consumimos arte ha cambiado. Me hace sentir esperanzado esta dirección hacia donde vamos (hacer colaboraciones artísticas y comerciales), es el tipo de efecto que espero, por eso estoy usando este disfraz".

El discurso de Murakami esconde una gran inteligencia y si uno, como mero espectador, rasca un poco sobre la superficie, se dará cuenta enseguida que detrás de esas pinturas naif y aparentemente fáciles de digerir, hay un artista que desafía las normas y busca analizar los grandes males de nuestro tiempo. La globalización, el consumismo por el consumismo, la amenaza nuclear o la manipulación de los medios de comunicación, son solo algunos de ellos. La exposición estará abierta al público hasta el próximo 24 de septiembre.