Melendi
El cantante nació en Asturias y es padre de una niña. EFE

Aún hay quien le recuerda con camisa de Ralph Laurent y pelo engominado.

Aún hay quien le sigue llamando Guardiola, por aquello de guapo, y soñando con dos besos suyos a las puertas del Locar, en el Street o junto a la Andolina, en la calle Catedrático Miguel Traviesas de Oviedo.

Dicen incluso que sus primeras rastas eran de pega, y que lo de la rumba fue por casualidad

Dicen incluso que sus primeras rastas eran de pega, que lo de la rumba fue por casualidad y que lo escogieron por ser un diamante en bruto, un alguien con un "porqué" a quien convertir en una estrella sin miedo a que otra la deslumbrara. Y así fue.

De niño pijo y rebelde, de canalla con clase del Oviedín se convirtió en un mercader de sentimientos en uno de los mercados más competitivos, el discográfico.

El que fuera compañero de pupitre de Fernando Alonso en el instituto supo subir a lo más alto sin perder de vista los primeros escalones.

Letras con encanto, estrofas pegadizas con espacio a la denuncia y mucha rumbita buena pa sus pies y pa los de todos.

Aún hoy, no se despeina en fugarse del hotel, en salir como cualquiera y montarla como el que más aunque para ello tenga que calzarse una capucha e ir de incógnito al bar de un colega donde, ya en la barra, no le falta una cerveza, miles de anécdotas y algún que otro peta porque él siempre "tiene noticias de Holanda". O no.

Es padre de una nueva oleada de patriotismo sano, porque Asturias es su casa

Padre de una niña, Carlota, cuyo nombre lleva tatuado en su brazo, lo es también de una nueva oleada de patriotismo sano, porque Asturias es su casa y "El Nano" o Pablo Moro, sus colegas.

Aún hay quien recuerda a uno de los mejores embajadores de la "folixia" convertido en centro de fiestas de tres días por el casco antiguo de Oviedo, las broncas de su madre al llegar a casa.

Aún hay quien rememora aquellas tardes y noches en una de las mesas de La Maniega, en el Rosal; San Mateos non stop, timbas sin freno en Madrid y alguna que otra identificación policial...

Aún hay quien le sigue llamando Guardiola y ahora, por esperar, sigue esperando con el mp3 encendido a que regrese el número 1.