Paula Vázquez
La presentadora Paula Vázquez, en 'El Puente'. MOVISTAR+

La presentadora se pone al frente del reality documental El Puente (Movistar +) para el que tuvo que desplazarse hasta la Patagonia argentina, un reto que aceptó por lo original del formato.

¿Qué es 'El Puente'?
No soy capaz de definirlo, porque es ficción, es reality, es documental... es entretenimiento hecho con gusto.Yo me he sumado a este proyecto cuando ya tenía dos años de rodadura y me he encontrado con un formato único, de idea y factura española. Es un programa de aventura, no de supervivencia, de estrategia y un espectáculo para los sentidos.

¿Es un reality más puro?
Quienes han generado todo el contenido han sido los concursantes. De repente se dan cuenta de que tienen que resolver los conflictos entre ellos sí o sí, no hay nadie al que ir a quejarse. Sin embargo, sí les ponemos una lancha cada día por si alguno quiere irse, eso no se ve en ningún formato.

Usted no se relacionaba con ellos...
No, y ha sido muy raro para mí por diferente. Estaba al lado de ellos, pero no nos veíamos. Pero tenía un dron que llegaba hasta su campamento. Los redactores escribían todo lo que había pasado durante el día así que cada noche yo lo leía. Así que he leído el libro y ahora voy a ver la peli.

¿Cómo vivió el momento de la elección del reparto del dinero?
No te lo voy a contar, porque sería hacerme spoiler, pero para mí fue aún más potente cuando subimos a internet los primeros nueve minutos. Después de tantos meses esperando ver la reacción de la gente ha sido un antes y un después.

¿Cómo ha sido rodar en la Patagonia?
Ha sido complicado, sobre todo por producción, pero Zeppelin tiene un equipo muy bien estructurado y eso lo ha facilitado. Además hemos contado con un equipo argentino maravilloso.

En un antiguo campamento abandonado... eso da un poco de miedo.
Da más miedo que hay un libro llamado 'Bariloche nazi', porque a Bariloche, la zona donde hemos estado, se supone que es donde se exilió Hitler. Ahí lo dejo. Ahora en serio, es una zona muy energética. Creo que los concursantes también lo notaron. Muy cerca hay un pueblo hippie, con gente que mola mucho. Ha sido muy enriquecedor.

Habrán tenido muchas anécdotas...
No se ve en el programa, pero un día estábamos en la zona de la cabaña, donde los concursantes hacían el fuego y uno de los miembros del programa, que usaba un palo muy gordo como bastón, dio un golpe en el suelo y tembló todo, sonó a hueco. Y lo primero que pensé fue ¡el oro nazi está aquí! (risas).

¿Las nuevas cadenas permiten nuevos formatos?
Está habiendo un cambio brutal, pero va a ser como la penicilina o la invención de los móviles: se está abriendo un abanico de oportunidades para muchos, porque se ha diversificado y se puede entretener de muchas formas. De repente hay formatos en el que puedes decir tacos, yo cuando empecé tratábamos al público de usted y ahora no se hace. Hay más oportunidades para los que amamos comunicar y el entretenimiento y hay más apertura y se pierden miedos.

¿Cómo es el casting?
Son gente que tiene pasados realmente interesantes y que les han endurecido y entre ellos un grupo de mujeres que responden al perfil del siglo XXI.

¿Es su regreso a la Televisión o nunca se fue?
Nunca dejé la tele porque nunca dejé de verla (risas), veo mucha tele. Llegó un momento en el que personalmente me hacía falta, porque desde los 17 años no había podido vivir mi vida y llegué a creer que yo era lo que los demás decían que era, vivía mi vida a través de los ojos de los demás. Necesité parar un momento para cuidarme emocional y físicamente. Han sido tres años de crecimiento personal y enriquecimiento.

Demasiada entrega al trabajo, quizá...
Se me iba pasando la vida y llegó un momento en tenía 38 años y yo no me había casado, no había tenido hijos, no sabía cuáles eran mis raíces y veía los demás haciendo su vida... Pero yo soy una enamorada de mi trabajo, me he casado con él millones de veces.

¿Qué le aportan las redes sociales?
Es un atril desde donde hablar en primera persona, desde donde defenderte cuando te acusan de cosas injustas y también es una forma de "estar", porque si no estás en internet no existes. A veces si veo a un paparazzi robándome una foto me la hago yo y la subo y ya no vale dinero.

En cierto sentido nos exponemos en las redes...
Al principio me costó, porque hace veintipico años cuando empecé si se sabía de tu vida privada era malo, te tenían que conocer sólo por tu profesión y tenía cuidado con la vida privada. Ahora está de moda exhibir cuando más mejor, tu coche, tu gente, tus cosas... Me ha costado hacer pública esa faceta, pero sigo conservando la intimidad, por ejemplo de mi casa, tiene que haber un reducto para mí.