El "cadáver" de Picasso yace en Málaga como reflexión sobre su uso comercial

El madrileño Eugenio Merino observa su escultura hiperrealista del artista Pablo Picasso titulada 'Aquí murió Picasso', expuesta en la sede de la Alianza Francesa de Málaga ofreciendo la posibilidad de visitar la capilla ardiente del malagueño.
El madrileño Eugenio Merino observa su escultura hiperrealista del artista Pablo Picasso titulada 'Aquí murió Picasso', expuesta en la sede de la Alianza Francesa de Málaga ofreciendo la posibilidad de visitar la capilla ardiente del malagueño.
EFE/Jorge Zapata
Málaga incluye desde este jueves en su oferta picassiana la posibilidad de visitar "la capilla ardiente" del artista, gracias a una escultura hiperrealista del madrileño Eugenio Merino con la que invita a reflexionar sobre "la instrumentalización de la figura de Pablo Picasso con fines comerciales".

Málaga incluye desde este jueves en su oferta picassiana la posibilidad de visitar "la capilla ardiente" del artista, gracias a una escultura hiperrealista del madrileño Eugenio Merino con la que invita a reflexionar sobre "la instrumentalización de la figura de Pablo Picasso con fines comerciales".

Después de haber ganado dos juicios en la demanda que le presentó la Fundación Francisco Franco por otra obra hiperrealista, en ese caso del dictador dentro de una nevera de Coca-Cola, Merino asegura que ni en aquella pieza ni en ésta, tituladaAquí murió Picasso, hay "una falta de respeto".

Con ello espera que se reflexione sobre el proceso de gentrificación, un término tomado del ingles que designa la "elitización residencial", a la que está llevando a algunas ciudades el turismo de masas.

Para conseguir esta sensación de atracción turística ha echado mano de elementos como la reproducción mecánica del objeto exhibido o que esté rodeado de un cordón de seguridad "para controlar cómo se ve la pieza y cómo se tiene que comportar el público cuando está dentro".

El propio artista, que reside en el barrio madrileño de Malasaña, vive en carne propia esta situación. "Tengo al lado un apartamento turístico y me despiertan gritando el martes de madrugada. Antes no dormía de jueves a domingo, ahora toda la semana", se lamenta.

Otro signo de los tiempos actuales es el selfie, algo que terminarán haciendo los visitantes de su Picasso yacente "como en cualquier otra atracción turística, porque hay que colgarlo en las redes sociales al ser el medio en el que más se va a ver".

Eugenio Merino ha querido respetar escrupulosamente la estatura de 1,64 metros que tenía Picasso, modeló su cabeza con todas las fotos del artista de las que disponía y ha acompañado el cuerpo de una placa en mármol de Carrara con la inscripción "Aquí reposa Pablo Picasso".

"Quería presentar la muerte en un estado no muy desagradable, como un souvenir, algo que ni emociona ni repele", ha explicado Merino, que vistió al cadáver, acabado en silicona y con pelo natural, con la típica camiseta de rayas horizontales que también se vende en las tiendas de recuerdos para turistas.

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