La Fiscalía pide hasta diez años de cárcel a cinco 'mossos' por torturas a un rumano

  • El fiscal pide entre cinco y diez años de cárcel para los cinco 'mossos' involucrados en un caso de torturas.
  • Detuvieron a un ciudadano rumano por error.
  • Le dieron una paliza, le metieron una pistola en la boca y lo amenazaron de muerte.
  • También detuvieron arbitrariamente a su novia, que estaba embarazada.
El fiscal pide entre tres y diez años de cárcel para cinco agentes de los Mossos acusados de torturar y lesionar a un hombre al que detuvieron por error y al que amenazaron varias veces de muerte, e incluso
llegaron a ponerle una pistola en la boca para que confesara.

En su escrito de acusación, al que ha tenido acceso Efe, el fiscal solicita diez años de cárcel para tres de los agentes: Jordi P. B., Joan S. P. y Manuel F. M.; siete años para Fernando C. L. y tres para Alejandro A. A., y en cambio exculpa al sargento que dirigió la detención, al entender que no ordenó los malos tratos.

En concreto, tres de los agentes están acusados de un delito de torturas -por las que el fiscal pide tres años de cárcel y diez de inhabilitación-; cuatro de un delito de lesiones -cuatro años de cárcel y cuatro de inhabilitación-; y los cinco de atentado contra la integridad moral -tres años de cárcel y tres de inhabilitación-, detención ilegal -diez años de inhabilitación- y maltrato de obra -una multa-.

Según precisa hoy El Periódico, el Departamento de Interior confió en la inocencia de los mossos imputados, no les abrió un expediente disciplinario y puso a su disposición un abogado.

Una mala identificación

Los hechos sucedieron hacia las 21:00 horas del 27 de julio de 2006, cuando los cinco agentes fueron al domicilio del ciudadano rumano Lucian P. para detenerle, ya que la víctima de un asalto cometido cinco días antes le identificó, con dudas, como su agresor a partir de una foto de la cámara de un cajero automático.

Según el fiscal, al llegar frente al domicilio, en la calle Ausiàs Marc de Barcelona, los agentes vieron que Lucian P. salía del portal junto a su novia, Fulga I. C., y un amigo de ambos.

Los agentes, que iban de paisano y no se identificaron, se abalanzaron por la espalda sobre Lucian P., a quien según el fiscal arrojaron de cara al suelo, colocándolo boca abajo y esposándolo por la espalda, al tiempo que le propinaban golpes y puñetazos por todo el cuerpo y le pisaban la cabeza.

Los agentes, según el fiscal, le agarraron por el cuello para que no gritase y le amenazaron de muerte, mientras varios peatones les recriminaban su "brutal actuación", ya que no se identificaron.

Entonces, uno de los agentes se identificó como mosso y exigió a los vecinos que se habían congregado en la zona que "les dejaran en paz" porque estaban haciendo su trabajo, según el fiscal.

Le metieron una pistola en la boca

Luego, los agentes metieron al detenido en un vehículo policial, conducido por Manuel F. M. y con Joan S. V. como copiloto, mientras que detrás viajaba Jordi P. B., que metió en la boca del arrestado una pistola exigiéndole que reconociera ser el autor del robo bajo la amenaza de que si no confesaba "lo tirarían por un barranco".

Además, advirtieron a Lucian P. de que si la jueza lo dejaba libre, "lo podían matar, porque no sería el primero", al tiempo que Jordi P. B., tras sacarle la pistola de la boca, lo obligó a poner la cabeza hacia abajo y lo golpeó con el arma en cuello y espalda.

Paralelamente, dos de los agentes, Fernando C. L. y Alejandro A. A., detuvieron de forma "arbitraria" a la novia de Lucian P., que estaba embarazada de pocos meses, y la agarraron por el pelo, le apretaron el cuello y la arrastraron hasta otro vehículo policial, en el que la trasladaron a la comisaría de Les Corts.

Una vez en el aparcamiento de la comisaría, Jordi P. B., Manuel F. M. y Joan S. P. siguieron golpeando y amenazando de muerte a Lucian P., que les pidió que dejaran de agredirle porque era hemofílico.

Tras obligarle a desnudarse, los agentes le trasladaron al calabozo, donde permaneció hasta la mañana siguiente, cuando la víctima del robo no le pudo reconocer como el autor del asalto.

Según el fiscal, a partir de entonces los agentes cambiaron su actitud e incluso admitieron que "posiblemente" se habían equivocado de persona, por lo que quedó en libertad y fue acompañado a su domicilio por uno de los propios agentes acusados.

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