Violencia contra la mujer
Una mujer, en actitud de rechazo. GTRES

La Fiscalía ha pedido hoy nueve años y once meses de prisión para un hombre de 79 años acusado de un intento de homicidio cometido con una navaja contra su exmujer, que pudo salvar la vida gracias a que las cicatrices endurecidas en el cuello de una agresión que sufrió 16 años antes le sirvieron de protección.

El acusado, Juan R. H., había cumplido una pena de nueve años de prisión por un asesinato en grado de tentativa tras apuñalar en 22 ocasiones a su esposa en octubre del año 2000. El 20 de septiembre de 2016, el hombre volvió a atacar a la mujer, de 75 años, y para ello se desplazó desde su localidad de residencia en Posadas (Córdoba) hasta San José de la Rinconada (Sevilla), donde vive la mujer.

Según la acusación de la Fiscalía, que ha pedido la máxima pena posible, sobre las 10.00 horas de ese día, el acusado esperó a que su exmujer regresara de tirar la basura, y cuando abría el porche delantero de la vivienda, el acusado la abordó por detrás, la introdujo a empujones y cerró con llave la cancela.

Tras insultarla y amenazar con matarla, le rodeó el cuello con un brazo y con una navaja de 19 centímetros de largo y ocho de hoja le dirigió varios golpes en el pecho con intención de matarla, lo que no logró por el forcejeo de la mujer, según el relato de la Fiscalía.

Una vez que la tiró al suelo, le estiró la frente hacia atrás para acuchillarle el cuello, y tras varios intentos fallidos, le asestó una puñalada en el hemicuello derecho que le produjo una herida de dos centímetros de longitud.

Egocéntrico, impulsivo y agresivo

La agresión no profundizó más ya que la zona afectada coincidía con un área del cuello "con induración por cicatrices de lesiones anteriores", según el informe del médico forense utilizado por la Fiscalía, en el que se indica que la mujer tenía tres cicatrices anteriores de 10 centímetros de longitud y otras más pequeñas.

Los forenses afirman que el acusado es impulsivo, agresivo, egocéntrico, posesivo y explosivo asocial, y precisan que existe alta probabilidad de pérdida de control y actitud peligrosa ante situaciones que lo contraríen, así como peligro de volver a agredir.

La víctima, que siente profundo terror a que se materialicen las amenazas de su exmarido, ha conmocionado a los distintos operadores jurídicos presentes en el juicio por el relato de los hechos. La mujer también sufre insomnio, pesadillas y sobresaltos cuando ve a un hombre de similares características físicas del agresor.

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