Ella Fitzgerald
La cantante Ella Fitzgerald, en una imagen de archivo de 1946. WIKIMEDIA

Gala de los premios Grammy de 1976. El cantante Mel Tormé le pregunta sobre el escenario a una anciana Ella Fitzgerald: "¿Cómo le explicarías al público lo que es el jazz?". Ella comienza en ese momento a improvisar una melodía en scat –un recurso vocal en basado en las onomatopeyas– dejando boquiabierta a la audiencia . Así era Ella Fitzgerald, una mujer que contagiaba alegría y a la que el mundo recuerda hoy en el centenario de su nacimiento.


A pesar de su sonrisa perenne, la llamada 'Reina del jazz' no tuvo una infancia fácil. Su juventud en Nueva York estuvo marcada por el abandono de su padre. En 1932 moría su madre y comenzaba una espiral de ausencia en la escuela y comportamientos violentos que desencadenarían su entrada en un reformatorio durante unos años de su vida.

Pero Ella decidió no rendirse nunca, y comenzó una carrera profesional en el mundo de la canción con solo 19 años, dentro de un concurso de jóvenes talentos. Su adicción al escenario le llevaría a girar por todo Estados Unidos junto a su banda en 1941.

No era una buena época para ser una mujer negra en el país, acosado por el machismo y el racismo más caduco, incluso dentro de las instituciones oficiales. Sus pasos por las ciudades del sur norteamericano siempre generaron problemas para las autoridades. Aún así, Fitzgerald hizo todo lo posible por que sus músicos estuvieran igual pagados que los blancos, y perdió dinero al rechazar cantar para audiencias segregadas.

Más de 2.000 canciones

Cuando la industria musical generalista –fuera de los círculos de jazz– comenzó a reconocer la excepcional voz y técnica de Fitzgerald, ella ya había vendido millones de copias de canciones como Mack The Knife, Easy Living o el clásico Summertime, que miles de intérpretes intentan defender en concursos de talentos por la televisión.

En 1959, se convirtió en la primera mujer afroamericana en ganar un Grammy, y recibió la Medalla Nacional de las Artes en EE UU en 1987, uno de los galardones más prestigiosos para cualquier artista norteamericano. En total sumó 200 álbumes y más de 2.000 canciones.

Junto a Billie Holiday y Sarah Vaughan, las otras dos grandes damas del jazz, tuvo que lidiar con una industria machista, que quería relegar a la mujer a un papel anecdótico dentro del jazz.Quizá con el paso del tiempo no ha logrado erigirse como una gran defensora de los derechos de la mujer, pero su constante trabajo y dedicación a pesar de las dificultades inspiró a artistas como Aretha Franklin –que «soñaba con convertirse en ella», como ha reconocido en varias entrevistas–, Norah Jones, Diana Krall o Andrea Motis, mujeres libres e independientes que le otorgan a Fitzgerald el respeto que merece.

En 1996, horas después de pronunciar la frase: «Ya estoy lista para irme», Ella Fitzgerald murió rodeada de sus familiares y amigos. La intérprete francesa France Gall quiso rendirle un homenaje en 1987 asegurando «Ella lo tiene» (Ella Elle l’a), una canción que hace pocos años Kate Ryan volvió a popularizar en las pistas de baile de medio mundo. Puede que tuviera que explicar con una melodía lo que es el jazz porque las palabras no eran lo suyo, pero «ese algo» de Ella Fitzgerald durará para siempre.