Debate presidenciales Francia
Diez de los once candidatos a la elección presidencial francesa, antes del debate electoral televisado el 5 de abril. De izquierda a derecha, Jean-Luc Melenchon, Francois Fillon, Jean Lassalle, Lutte Ouvriere, Nathalie Arthaud, Marine Le Pen, Jacques Cheminade, Nicolas Dupont-Aignan, Emmanuel Macron y Francois Asselineau. Lionel Bonaventure / EFE

Las investigaciones por corrupción de que son objeto el conservador François Fillon y la ultraderechista Marine Le Pen, pero también el pasado de banquero de negocios del socioliberal Emmanuel Macron, marcaron los momentos de mayor fricción en el debate de los candidatos presidenciales en Francia.

Durante casi cuatro horas, los once pretendientes del Elíseo que se disputarán el voto de los electores en la primera vuelta del día 23 se sometieron este martes por la noche ante las cámaras a un ejercicio inédito y muy pautado para respetar la igualdad de todos, que dio pie a pocos momentos de verdadera discusión.

El de mayor temperatura fue, como se preveía, cuando se abordó la moralización de la política por el trasfondo de los procedimientos judiciales abiertos contra Fillon, que ha sido imputado por los empleos supuestamente ficticios que otorgó a su mujer y a dos de sus hijos, y a Le Pen, que hasta ahora se ha negado a presentarse para no ser acusada, amparándose en su inmunidad parlamentaria.

El trostkista Philippe Poutou (las encuestas le dan una intención de voto inferior al 1% de los sufragios), fue el que desencadenó las hostilidades al referirse al escándalo que persigue al ex primer ministro conservador: "Cuanto más se profundiza, más huele a corrupción", dijo. Poutou acusó a Fillon y a Le Pen de "meter la mano en la caja" de los fondos públicos, a lo que esta última replicó con la que ha sido su argumentación en las últimas semanas: "Soy perseguida políticamente por unos asuntos en los que no hay la menor sombra de enriquecimiento personal".

Fillon se negó a responder a las preguntas que le hizo una de las periodistas moderadoras del debate sobre su inculpación, y también a reconocer que había cometido errores al contratar a su mujer y a sus hijos como asistentes parlamentarios con dinero público, algo –dijo– que han hecho cientos de parlamentarios franceses.

Conflicto de intereses

También se vio atacado por el candidato soberanista Nicolas Dupont Aignan el socioliberal Emmanuel Macron, al que reprochó un posible conflicto de intereses por haber gestionado como ministro de Economía (2014-2016) casos de empresas con las que había tratado anteriormente cuando fue banquero de negocios.

Macron, favorito de las encuestas, salió al paso asegurando que su actuación en el Gobierno del actual presidente, el socialista François Hollande, estuvo dominada por una "total independencia", y lanzó una puya a Fillon y a Le Pen al señalar que cuando se aspira a ser jefe del Estado "hay que empezar por respetar la justicia".

Dijo apoyar una de las principales propuestas para favorecer la ética en la política defendida también por Dupont Aignan y por los dos grandes candidatos de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon y Benoît Hamon: impedir que se presente a un cargo electo una persona que haya sido condenada.

Europa

Aparte de las alusiones al terrorismo y la seguridad (Marine Le Pen llegó a decir que "Francia es una universidad de yihadistas", y el socialista Benoît Hamon le replicó afirmando que sus palabras "alimentaban" a Estado Islámico –"Daesh le conviene, señora Le Pen"– dijo.), otro de los momentos más destacados del debate fue el dedicado a la política europea, con una atención particular a la directiva sobre los trabajadores desplazados.

Macron y Fillon cargaron por separado contra los planes de Le Pen de sacar a Francia del euro y establecer barreras proteccionistas, y advirtieron de que todo eso tendría graves consecuencias para el país.

El primero alertó de que lo que propone la presidenta del Frente Nacional (FN) causaría un bajón del poder adquisitivo, pero, sobre todo, "la guerra económica". Más adelante, añadió que Le Pen apuesta por "el nacionalismo", que "el nacionalismo es la guerra", y que su región de procedencia, Picardía, "está llena" de cementerios con víctimas de los conflictos bélicos europeos.

La líder ultraderechista se reafirmó en su voluntad de imponer un impuesto a las empresas que contraten a extranjeros –incluidos los ciudadanos de otros países europeos residentes en Francia– y en establecer lo que llama un "proteccionismo inteligente", para lo que dio como ejemplo las barreras aduaneras que Suiza o Corea del Sur ponen a la entrada de productos agrícolas.