Pasión y costal: a los pies de Dios bajo la trabajadera

  • Los costaleros preparan durante semanas su trabajo bajo el paso, una experiencia cargada de fe, pero también de respeto por la responsabilidad de llevar al Señor sobre sus hombros.
  • Cofradías de Sevilla para Semana Santa 2017
Jorge, junto a otro costalero, ante el Señor de la Sentencia, en la basílica.
Jorge, junto a otro costalero, ante el Señor de la Sentencia, en la basílica.
J. C / A. PULIDO

Jorge se prepara en el gimnasio horas antes de su último ensayo bajo las trabajaderas del paso. Habla con respeto y devoción, pero también con la misma ilusión de ese niño que pedía a su padre salir de nazareno cuando apenas levantaba unos palmos del suelo. Es uno de sus primeros recuerdos vinculados a la Semana Santa.

Las misas y su padre preparándose para realizar la estación de penitencia con la Hermandad de la Macarena. "Él intentaba frenar mis ganas de participar porque sabía que era un recorrido muy extenso y demasiadas horas para un pequeño de apenas siete años", rememora.

Hoy es costalero de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y lleva a sus espaldas diecisiete años realizando la estación de penitencia bajo el paso. Un espacio angosto donde se estrechan lazos que perdurarán toda la vida.

"La complicidad con los compañeros de la cuadrilla trasciende al momento de la salida de la Cofradía", asegura el joven sevillano. "Compartimos convivencias durante el resto del año en las que también participa la familia y entre los costaleros cuento con algunos de mis amigos más cercanos", sigue.

Las confidencias forman parte de esa Hermandad que nace de la devoción por sus imágenes y que se nutre luego de sus historias personales, de su cotidianidad. Pero estas confidencias nunca llegan debajo del paso. "En esos momentos hay mucha concentración, se respira un ambiente de tensión y respeto. Sabemos, como les ocurre a los costaleros de cualquier Hermandad, que tenemos una responsabilidad que a veces puede pesar más que el paso. Queremos hacerlo bien porque hay muchos ojos puestos en nosotros", continúa.

Todos a la basílica

Los nervios van creciendo según se acerca la Madrugada. Los ensayos, que en su caso se componen de cuatro sesiones un mes antes de la Semana Santa, más que una preparación física necesaria para hacer frente al importante desgaste que supondrá cargar con una media de 45 kilos durante trece horas, son ese aperitivo para calmar las ansiedades previas a la estación de penitencia, compartiendo algunas risas y buenos ratos.

Y llega el Jueves. A las 22.30 horas, más de un centenar de costaleros están citados en la basílica. Es el momento. "En esos instantes, se realiza la última igualá para confirmar nuestros puestos bajo el paso, nos hacemos la ropa –preparando el costal y la faja– y el capataz reparte los relevos", explica el costalero. Tareas que ayudan a centrarse y a calmar las mariposas del estómago.

Medianoche. Se hace el silencio. El Hermano mayor se dirige a una basílica abarrotada y desea una buena estación de penitencia a todos. Se abren las puertas del templo. Una multitud aguarda expectante en los alrededores desde hace horas.

El extenso cortejo inicia su salida y suenan los primeros compases de la Centuria Macarena juvenil. Mientras los primeros tramos de nazarenos inician su periplo, los costaleros permanecen cerca del paso, custodiándolo, mirándose en él. Hasta que toca colocarse por primera vez bajo la trabajadera una Madrugada más para llevar a Nuestro Padre Jesús de la Sentencia por Sevilla. Y ahí, "el protagonista es el Señor. Nosotros sólo somos los pies de Dios".

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