¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Y los humanos, ¿siguen soñando con robots para todo o el software perfecto que sustituya la realidad? Blade Runner 2049, la secuela de la mítica película de Ridley Scott de 1982, tiene fijada su fecha de estreno el 6 de octubre; y los mismos estudios Warner Bros sueñan con relanzar pronto unas secuelas de MatrixLas fantasías, más bien oscuras, del género ciberpunk vuelven a estar en boga y más con el estreno, el pasado viernes 31 de marzo, de la adaptación hollywoodiense de Ghost in the Shell: El alma de la máquina con Scarlett Johansson.

Warner Bros podría no contar con las hermanas Wachowski, ni en la dirección ni en el guion, para una nueva trilogía de Matrix, aunque sí tienen a un posible protagonista, el actor afroamericano Michael B. Jordan y que ya fue el relevo de Rocky en Creed. No se descartan las intervenciones especiales de Keanu Reeves o Laurence Fishburne como Neo y Morfeo. Scarlett Johansson tampoco lo tendrá nada fácil con la tarea de convencer a los numerosos fans del manga creado por Masamune Shirow para demostrar que no desentona encarnando a la cíborg Mayor Motoko Kusanagi de la Sección 9, del departamento de la policía especializada en crímenes tecnológicos.

Mamoru Oshii, director de 'Ghost in the Shell' (1995) ha sido uno de los defensores de Scarlett Johansson como nueva protagonista de la versión de Hollywood En esos mundos futuros, nada perfectos, reconocibles y situados en un devenir quizá no tan lejano, la atmosfera que se respira es similar al del cine negro, el de los años 40 y 50, o a un argumento policíaco, solo que los conflictos y debates filosóficos que genera el que las máquinas y las inteligencias artificiales puedan desarrollar vida y, sobre todo, sentimientos propios son los que acaban por adueñarse de historias y personajes. La saga Tetsuo, iniciada con El hombre de hierro en 1989 —en blanco y negro, y presupuesto mínimo—, junto con los animes basados en mangas Akira (1988) de Katsuhiro Otomo y Ghost in the Shell, con la primera de las películas fechada en 1995 y dirigida por Mamoru Oshii, fueron las que empezaron a popularizar el ciberpunk.

El término procede del título del relato corto de Bruce Bethke publicado en 1980. Las mismas obras de Philip K. Dick en los 60 y 70 —¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? dio pie a Blade Runner—, o las narraciones de J.G. Ballard fueron antecedentes de un género literario que luego tan fertilmente cultivarían autores como William Gibson o el editor Gartner Dozois.

Por su parte, el director Mamoru Oshii ha sido uno de los cineastas que ha salido en defensa de Scarlett Johansson, en la película dirigida por Rupert Sanders, especialmente en lo concerniente a que la elegida para el papel no fuera una actriz asiática: "Es un cíborg y su forma física es totalmente asumida. El nombre de "Motoko Kusanagi" y su cuerpo actual no tienen que ver con su nombre o cuerpo original, así que no hay base para decir que sea una actriz asiática la que forzosamente deba retratarla. Incluso si su cuerpo original (suponiendo que tal cosa existiera) fuera el de un japonés, esto se podría aplicar igual", aseguró durante una entrevista en IGN. También defendió que la de Johansson era "la mejor elección posible".

Almas de metal

Uno de los mejores antecedentes cinematográficos del ciberpunk es Alphaville (Lemmy contra Alphaville) de 1965 y dirigida por el francés Jean-Luc Godard. Uno de los directores más innovadores e iconoclastas plasmó su historia en blanco y negro, en una ficticia ciudad controlada por una computadora. Alpha 60 es la que marca las reglas de esa sociedad en aras de la perfección. El resultado es frialdad, asepsia y apatía entre los ciudadanos y sus relaciones.

David Cronenberg nos ha proporcionado Videodrome (1983), eXistenZ (1999) e incluso las parafilias sexuales de Crash (1996) que no se hallan tan lejos de las extrañas fusiones entre carne y metal, de lo artificial con lo orgánico, que nos proponían Akira o Ghost in the Shell. También inolvidables son las fantasías, muy orwellianas, de Terry Gilliam desde Brazil (1985) a The Zero Theorem (2013), pasando por Doce monos (1995), y haciendo hincapié en temas como la desprotección del individuo bajo el sistema o la soledad. Otros títulos emblemáticos del género son  Días extraños (1995) de Kathryn Bigelow, Johnny Mnemonic (1995) que protagonizó Keanu Reeves, o Almas de metal (1973), basada en una novela de Michael Crichton y que es la precursora de Terminator y la fuente de inspiración directa de la actual serie televisiva Westworld.

El cortador de césped fue una modesta producción de ciencia-ficción norteamericana estrenada en 1992 y basada en una breve historia del llamado rey del terror Stephen King, de mismo título y publicada en 1975, planteaba la idea del uso de drogas y realidad virtual para desarrollar las posibilidades del intelecto humano. El hombre cobaya era un jardinero discapacitado y, pese a que el experimento era todo un éxito, el sujeto acababa por convertirse en un ser superior y peligroso. Antes hubo otros clásicos de referencia, Tron (1982) y Juegos de guerra (1983), al igual que solo un año antes de Matrix se estrenó otra obra de culto del ciberpunk, Dark City (1998).

Taquillazos hollywoodienses, y también algo de cine español

Poblados por antihéroes, marginados o rebeldes, otros títulos representativos son Freejack. Sin identidad (1992) en la que los millonarios del futuro podían reencarnarse en jóvenes cuerpos, los de recién fallecidos años atrás; Hackers: Piratas informáticos (1995) contó con una Angelina Jolie aún sin status de estrella; Nivel 13 (1999) ofreció su paranoia en un mundo virtual; Virtuosity (1995) puso a Denzel Washington tras la pisa de un asesino virtual; y Paycheck (2003) a Ben Affleck en una trama ideada por Philip K. Dick, autor adaptado también en la animación de Una mirada a la oscuridad (2006).

Tampoco ha sido inmune a las superproducciones o los taquillazos hollywoodienses del calibre de la saga Terminator (1984 - 2015),  RoboCop (1987), Desafío total (1990), Yo, robot (2004) —basada en un relato de Isaac Asimov— , A.I. Inteligencia artificial (2001) y Minority Report (2002), ambas de Spielberg, o una de las sorpresas más recientes, Ex machina (2015), ganadora del Oscar a los mejores efectos visuales.

En el cine español la ciencia-ficción no ha sido un género especialmente prolífico, pero entre las películas reconocidas en la temática está Abre los ojos (1997) de Alejandro Amenábar, y que además fue todo un éxito en su momento. Mucho más desapercibidas pasaron Eva (2011) o Autómata (2014), una propuesta inusual en nuestro cine y que fue protagonizada y coproducida por Antonio Banderas. Las dos muy deudoras de la obra de Philip K. Dick o Asimov. Y mientras, también se sigue soñando, desde hace años, con trasladar a la gran pantalla una versión digna, y con personajes de carne y hueso, de la fundacional Akira.