El hombre, además, había quebrantado varias condenas, entre ellas la interpuesta en ese mismo año que le prohibía durante 16 meses a comunicarse con su expareja, según recoge la sentencia remitida por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC).

Sin embargo, a pesar de todos los antecedentes y condenas, F.B.O.S. el 22 de septiembre de 2014, a las 08.00 horas, se dirigió a la parada de guagua de Puerto del RosaRio donde se encontraba su expareja con su hija, de 9 años, y una amiga.

Allí, tras recriminarle que le hubiera denunciado días atrás, F.B.O.S. comenzó a golpear a su expareja, momento en el que la mujer cogió su móvil para pedir auxilio pero el condenado se lo impidió al tirar el teléfono dándole un manotazo. Seguidamente, y según recogen los hechos probados, F.B.O.S. tiró a su expareja al suelo donde le dio patadas y puñetazos.

Ante esta situación, la niña de 9 años intentó auxiliar a su madre pero el hombre la empujó, cayendo la menor a la carretera. Asimismo, intentó ayudarle su amiga pero a ella también le pegó F.B.O.S., ya que le dio un puñetazo en el labio, provocando que se cayese el teléfono móvil al suelo y sufriera desperfectos.

Posteriormente, F.B.O.S. teniendo a su expareja en el suelo por los golpes que le había propinado previamente e intentado acabar con su vida, se colocó de rodillas encima de la mujer y sacó un cuchillo que llevaba oculto en el pantalón, apuñalándola, aunque no consiguió el objetivo de matarla.

La mujer, debido a lo ocurrido, sufrió secuelas en diversas partes de su cuerpo, además de trastorno de estrés postraumático.

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