Papa Francisco
El papa Francisco llega a la plaza de San Pedro del Vaticano para presidir la audiencia general de los miércoles. Alessandro Di Meo / EFE

Con un fuerte apoyo de los fieles pero con una oposición, minoritaria aunque cada vez más ruidosa, dentro de la Curia, el gobierno de la Iglesia católica. Esta es la situación en la que Jorge Mario Bergoglio ha cumplido cuatro años como papa. Desde que llegó al Vaticano el 13 de marzo de 2013, Francisco I ha roto moldes pero se está encontrando con importantes trabas a la hora de aplicar cambios en el seno de la Iglesia.

Considerado por la comunidad cristiana como el pontífice más cercano, algunos de sus planteamientos han provocado sin embargo críticas a nivel interno, que de forma inédita han trascendido a la esfera pública. Así ocurrió con la publicación el pasado mes de septiembre de una carta firmada por cuatro cardenales en la que se le exigía que resolviese algunas dudas sobre lo que había expuesto en la exhortación apostólica Amoris Laetitia. En ella el exarzobispo de Buenos Aires planteaba la posibilidad de que los sacerdotes puedan dar la comunión a los divorciados vueltos a casar. Ya un año antes se habían simplificado y agilizado los trámites para obtener la nulidad del matrimonio eclesiástico.

Igual de inédito ha sido el bloqueo por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe de la creación de un tribunal vaticano que debía ocuparse de recoger las denuncias de las víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes. Vetar una decisión adoptada por el papa es otro de los inauditos episodios que han generado tensiones. 

El camino de las reformas del primer papa americano atraviesa así por su momento más delicado.

Una Curia más simple y transparente

Francisco explicó tras ser elegido que durante las asambleas previas al cónclave la mayoría de los cardenales pedía reformas en una Iglesia demasiado encerrada en el Vaticano, con una estructura demasiado compleja y poco transparente en sus cuentas. Lo primero que hizo al respecto fue apostar por decisiones colegiales y no autoritarias. Para ello decidió crear una comisión de ocho cardenales, a los que se sumó el secretario de Estado, Pietro Parolin, que se ocupase de la reorganización de la estructura de la Curia, para hacerla más ágil y menos costosa.

Se está apostando por externalizar algunas competencias a las iglesias locales Algunos de los cambios ya se han podido observar, como la creación de un Pontificio Consejo de la Comunicación o una Secretaría de Economía, que está poniendo orden en las cuentas del Estado pontificio, así como la transparencia asegurada por el Banco Vaticano. Bergoglio ha pedido un análisis a una consultoría externa para mejorar la gestión de los órganos administrativos y económicos de la Santa Sede y, según el último balance económico presentado, el Vaticano registró en 2015 un déficit de 12,4 millones de euros, casi la mitad del que tuvo el año precedente. En esta reducción han influido los recortes de gastos superfluos de la Curia.

El grupo de nueve prelados que aconseja al papa perfiló en su última reunión las dos grandes líneas que definen la simplificación de la Curia y que apuestan por la reunificación de los doce consejos pontificios en sólo dos órganos: Laicos-Familia-Vida y Caridad-Justicia, activos desde principios de este año.

El pontífice está llevando a cabo también un proceso de descentralización en el Gobierno vaticano que externalice algunas competencias a las iglesias locales

Una Iglesia más cercana

Desde que fue elegido, Francisco dejó claro que no le gustaba usar coche oficial y que no iba a vivir en los aposentos del Palacio Apostólico, sino en una de las habitaciones de la de la Casa Santa Marta, más austera. "Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres", dijo en su primer encuentro con periodistas.

Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres A lo largo de los mensajes que ha lanzado durante su pontificado ha insistido igualmente en que la Iglesia debe salir de sí misma e ir a las periferias, construir puentes para dialogar, compartir y ayudar, especialmente con los más desfavorecidos. En esa línea son constantes sus visitas a parroquias de las afueras de Roma.

En su primera Semana Santa, Francisco decidió celebrar la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo en el Instituto Penal de Menores 'Casal del Marmo', donde lavó los pies a doce jóvenes de diferentes nacionalidades, dos de ellos, mujeres y una de ellas, musulmana. Esa costumbre la ha ido repitiendo cada año.

Otro de los momentos más recordados fue su viaje a Lampedusa después de la muerte de cientos de inmigrantes que intentaban alcanzar la isla italiana en pateras. Allí habló de "vergüenza" y denunció la "globalización de la indiferencia". Casi cuatro años después de aquel viaje, las cifras de inmigrantes muertos en el Mediterráneo siguen siendo dramáticas.

Abusos sexuales

El papa se ha reunido en varias ocasiones con víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes, la última vez en septiembre de 2016. Incluso puso en marcha una comisión específica para la protección de la infancia frente a esos abusos.

Collins: "Son capaces de dar prioridad a otras preocupaciones antes que a la protección de los más pequeños"Dicha comisión ha sido no obstante objeto de polémicas tras la dimisión de la irlandesa Marie Collins, quien arguyó que su trabajo se vio obstaculizado por una "falta de cooperación por parte de otras oficinas de la Curia romana".

"Es terrible ver que en 2017 estos hombres son capaces de dar prioridad a otras preocupaciones antes que a la protección de los más pequeños o de los adultos vulnerables", declaró Collins al diario National Catholic Reporter. Ella misma fue víctima de abusos por parte de un cura cuando era adolescente.

Esta mujer denunció cómo a pesar de la aprobación del papa en 2015, la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio, dirigida por el cardenal Gerhard Ludwig Müller, bloqueó la creación de un tribunal vaticano que se tenía que ocupar de recoger las denuncias de las víctimas.

Colectivo LGTB

Entre sus frases más célebres se encuentra la respuesta que dio a las preguntas de los periodistas sobre la homosexualidad: "Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?".

Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?Pese a esas afirmaciones, en ese mismo encuentro con la prensa el papa Francisco se manifestó contrario a lo que denominó lobby gay. "Debemos ser más hermanos, el problema es hacer el lobby, de esa tendencia, o de políticos, masones. Ese es el problema más grande", añadió, tras asegurar que "en un lobby no todos son buenos".

Pese a esas afirmaciones también, el año pasado reaccionada con tristeza al conocer el enlace de dos mujeres que habían colgado los hábitos para casarse tras enamorarse durante una misión en África. "El papa ha dicho '¿quién soy yo para juzgar? Nadie debería juzgar. Esa frase nos ha abierto el corazón", recordaban las exreligiosas.

Los perfiles publicados sobre él en el momento de conocerse su proclamación ya recordaban que su oposición al matrimonio homosexual en Argentina en 2010, del que dijo "estar movido por el diablo", le granjeó la enemistad con el Gobierno y con parte de la sociedad de su país.

El papel de la mujer

Francisco ha afirmado que la Iglesia tiene el desafío de reflexionar sobre el "puesto específico" de la mujer de forma que también esté "allí donde se ejercita la autoridad en los diferentes ámbitos".

Una comisión estudiará si puede haber diaconisas, grado de consagración anterior al del sacerdocio"Sufro, y os digo la verdad, cuando veo en la Iglesia o en algunas instituciones eclesiales que el papel de la mujer queda relegado a un papel de servidumbre y no de servicio. Veo mujeres que hacen cosas de servidumbre y no de servicio", ha llegado a decir.

El pontífice ha abierto el debate sobre el papel de las mujeres pero sin ir más allá de pedir que se estudie la opción de que puedan casar y bautizar. Una comisión estudiará la posibilidad de que pueda haber diaconisas, el grado de consagración anterior al del sacerdocio, en el que se pueden administrar algunos sacramentos.

Aborto

A finales de 2016, el pontífice anunció que los sacerdotes podían absolver del pecado del aborto de manera indefinida, una disposición que había autorizado solo durante el Año Santo de la Misericordia.

"Para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto. Cuanto había concedido de modo limitado para el periodo jubilar lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario", escribió.

No existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruirSegún la doctrina católica, el aborto es un pecado grave que comporta excomunión y un sacerdote sólo lo podía absolver después de que le autorizase un obispo o el mismo papa.

Francisco de hecho enfatizó "con fuerza" que "el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente". Pero agregó que "con la misma fuerza" afirmaba que "no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre". "Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial", añadió.